En ese momento, ante el inesperado cambio en el curso de los acontecimientos, el ensordecedor sonido de las voces del resto de los miembros del Ministerio de Justicia inundó el lugar, pues nadie lograba comprender cómo era posible que alguien sobreviviera a la devastadora fuerza de un golpe proveniente de un guerrero tan poderoso como Cristóbal; de pronto, un silencio sepulcral pudo percibirse en toda la atmósfera, mientras observaban a los hombres al centro de la arena, por lo que no pudieron evitar sobresaltarse al escuchar la potente voz de Salvador al exclamar, eufórico:
—¡Vamos, Señor Casas! —Al terminar de hablar, esbozó una enorme sonrisa satisfecha, pues era evidente que no toleraba a un hombre tan engreído como Cristóbal, quien se apresuró a decir, con voz amenazadora, ante la delicada situación:
—¡Les advierto que están jugando con fuego! —De inmediato, tras concentrar todas sus fuerzas, prosiguió a abalanzarse de nuevo en dirección de su oponente, seguido de una enorme explosión.
¡Bam!
Entonces, todos se percataron de que aquel ataque había formado un colosal cráter en el suelo que hizo volar por los aires miles de escombros en el lugar; después de que la nube de humo se hubiera disipado, los espectadores comenzaron a luchar para respirar de nuevo, por lo que tras lograr tranquilizarse un poco, vislumbraron una épica batalla en el aire, donde a pesar de los incesantes ataques del Gran Maestro de las Artes Marciales, Jaime parecía bloquear cada uno de sus golpes, mientras sonreía. Casi de inmediato, la cegadora luz de una nueva explosión iluminó todo el recinto y tan solo un momento después, notaron una figura en suelo, inmóvil; al percatarse de la identidad del perdedor, se escuchó una voz entre la multitud al exclamar:
—¡En verdad, el Señor Casas es un guerrero muy poderoso! ¡De hecho, al parecer, es un Gran Maestro de las Artes Marciales Nivel Cinco, pues logró vencer a un Gran Maestro de las Artes Marciales Nivel Dos en un abrir y cerrar de ojos! ¡Estoy seguro de que nadie podrá vencernos ahora que se ha convertido en el instructor del Ministerio de Justicia!
Sin embargo, antes de que pudieran decir algo más al respecto, notaron que Cristóbal comenzaba a moverse; tras recuperar el conocimiento, miró a Jaime, anonadado, por lo que no pudo evitar sobresaltarse al escuchar a Salvador exclamar, eufórico:


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