—General Jiménez, me parece que debo presentarme con el nuevo equipo —dijo Jaime, mientras recorría el lugar con la mirada; entonces, Teodoro hizo un gesto con la cabeza y de inmediato, todos los miembros del Departamento de Justicia se acercaron para escuchar al General anunciar:
—Estoy seguro de que disfrutaron la grandiosa muestra de las habilidades del Señor Casas; por ello, me alegra informarles que, a partir de este momento, estará a cargo de sus entrenamientos, así que tendrán que obedecerlo en todo momento. ¡De esa manera, podremos mejorar nuestras técnicas de combate en muy poco tiempo! —Al terminar de emitir esas palabras, su semblante se endureció por completo.
De pronto, se escuchó la voz de Salvador al añadir:
—Si alguien no está de acuerdo con esta decisión, puede marcharse ahora mismo.
Sin embargo, pronto se escuchó el ensordecedor ruido de las voces varoniles al responder al unísono:
—¡A sus órdenes, Señor Casas!
Ante la conmovedora escena que se suscitaba frente a sus ojos, Jaime se limitó a hacer un pequeño gesto con la cabeza al explicar:
—Ahora que se han convertido en mis discípulos, debo ser honesto con ustedes, pues la realidad es que no podré permanecer en Ciudad Jade mucho tiempo, así que ustedes deberán practicar en todo momento; no obstante, con ayuda de la Secta del Dios de la Medicina, les entregaré unas pastillas que les servirán para mejorar su técnica de cultivación. No obstante, aunque deberán aprender a dominar cada una de mis enseñanzas, les aseguro que, gracias al entrenamiento y los suplementos, pronto se convertirán en guerreros extraordinarios.

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