Ella solo le sonrió a Fabián y dijo:
—En adelante, nos irá mucho mejor.
—¡Sí! —Fabián asintió con entusiasmo.
...
Ya entrada la tarde, Rocío recibió una llamada del juzgado.
—Señorita Amaya, la demanda de divorcio que presentó ha cumplido el periodo de notificación pública de dos meses. Si su decisión sigue siendo la misma, en los próximos días enviaremos la notificación oficial a su esposo, el señor Lázaro.
Al escuchar a la funcionaria, Rocío sintió cómo su ánimo mejoraba de inmediato.
Habían pasado dos meses completos.
Durante ese tiempo, buscó a Lázaro muchas veces, pero nunca logró encontrarlo.
Ahora, por fin podría iniciar la demanda.
Qué alivio.
Tras llamar a Rocío, la responsable del juzgado pensó que, siendo Lázaro una figura tan reconocida en Solsepia, lo mejor sería avisarle para que estuviera preparado, pero no tenía su número personal. Así que optó por marcar al teléfono de la oficina de Lázaro.
Quien contestó fue Manuel.
Al escuchar que era una funcionaria del juzgado, Manuel no le dio mucha importancia. El Grupo Valdez era tan grande que siempre surgía algún asunto legal o disputa económica. Así que simplemente respondió:
—Sigan el procedimiento normal, por favor.
Y colgó la llamada.
Manuel ni siquiera mencionó el tema de la llamada judicial al señor Valdez.
Ese día, el señor Valdez estaba demasiado ocupado.
Ni siquiera fue a la empresa, porque se quedó en el hospital cuidando a su madre, Fernanda Valdez.
La noche anterior, después de la fiesta de cumpleaños de la familia Zúñiga, Lázaro todavía no había llegado a casa cuando recibió una llamada del hospital.
Su madre Fernanda se había enfermado de tanto cuidar a Carolina Valdez.
Lázaro, al enterarse, fue directo al hospital.
Fue hasta que vio a su madre que se enteró de lo sucedido: Carolina llevaba un par de días negándose a comer, y una niña tan pequeña, sin alimento, se debilitaba fácil; además, su fiebre iba y venía sin aviso.
...
A la mañana siguiente, Lázaro no fue a la empresa. Se quedó en la habitación del hospital acompañando a su madre y a su hija.
La mañana pasó entre idas y venidas, sin poder organizarse.
Incluso, se le olvidó por completo lo que había prometido la noche anterior a Mireya en la fiesta: que ese día iría con Rocío a firmar el divorcio.
Por la tarde, cuando Mireya fue a ver a Fernanda y a Carolina, Lázaro recién recordó el asunto.
—Perdón, de verdad. He estado todo el día en el hospital y no pude ir con Rocío a hacer el trámite del divorcio —se disculpó Lázaro.
—No te preocupes, Lázaro. La señora Valdez y Carolina siguen enfermas, primero hay que cuidar su salud. El divorcio puede esperar —respondió Mireya con comprensión.
Después, mirando a Fernanda, que se acomodaba el cuello dolorido, preguntó:
—Señora, ¿quiere que le consiga un masajista? Tal vez así se sienta mejor.
Fernanda respondió sin pensarlo:
—¡Que venga Rocío a darme un masaje! La última vez que me lastimé la espalda, fue Rocío quien me estuvo masajeando durante siete u ocho horas sin parar, y gracias a eso se me quitó el dolor.

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