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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 204

—¡Señorita Zúñiga! Buscar a alguien para amenazar por teléfono es un asunto grave. Si se repite, podría enfrentar consecuencias legales. ¡Espero que no vuelva a pasar!

El policía terminó de hablar y se marchó.

Mireya clavó una mirada llena de furia en Rocío, como si quisiera incendiarla con los ojos.

El celular que Rocío había destrozado no era cualquier cosa: Lázaro lo había mandado a hacer especialmente para Mireya, único en el mundo, símbolo de su amor. Solo el marco, adornado con piedras preciosas, costaba una fortuna.

¡Y Rocío lo había estrellado contra el piso!

¡Rocío!

¡Qué valor! ¿Cómo se atrevía a romperle el celular?

En ese instante, Mireya sentía que estaba a punto de explotar, pero su sentido común le gritó que no podía perder el control.

Por dentro, la rabia le revolvía el estómago, la hacía sentir débil y derrotada.

En cambio, Rocío se veía mucho más tranquila. Ni siquiera le dedicó una mirada a la casi desmayada Mireya. Se limitó a volverse hacia Raúl y decir:

—Señor Esquivel, ya terminamos la inspección del terreno, ¿verdad? Vámonos. En la tarde tenemos que ir al hospital a ver a Samuel.

No quería seguir viendo a ese grupo de aduladores que solo sabían alabar y rodear a Mireya.

Mejor irse de ahí antes de perder más el tiempo.

Raúl tampoco tenía ganas de que Rocío siguiera aguantando humillaciones.

—Tienes razón, vámonos ya.

Ambos se marcharon del sitio de construcción sin despedirse ni mirar atrás.

...

Apenas se fueron, llegó Álvaro Gómez.

Álvaro había regresado al país recientemente. Llegó apenas ayer, y aunque tenía pensado visitar el lugar desde temprano, Mireya, preocupada por el largo viaje de casi quince horas, le pidió que descansara en el hotel.

Pero Álvaro era de los que no se quedaban quietos. Solo reposó unas horas antes de ir directo al sitio de la obra.

Apenas vio a Mireya, le entregó un regalo de gran valor.

—Es como una mancha en la sopa. Si Samuel quiere andar con ella, que lo haga, pero ya que aceptó ser su amante, ¿por qué tiene que venir a fastidiar la relación entre el señor Valdez y la señorita Zúñiga? ¡Qué descaro! ¿Será que por ser la amante de Samuel nadie se atreve a ponerle un alto a esa mujer? —Matías estalló de coraje.

Álvaro no dijo nada, pero su ceño se frunció.

Otra vez Rocío, la sombra que no los dejaba en paz.

Hace poco, él y Simón Paredes, junto con Eugenio Delgado, habían planeado deshacerse de Rocío de una vez por todas para que no siguiera arruinando la felicidad de Mireya. Pero, según lo que le contaron, el plan había fracasado.

Como acababa de regresar al país, no había podido enterarse a fondo de lo que pasó.

¿Y ahora, después de tan pocos días, Mireya estaba así de deshecha por culpa de Rocío?

—Señor Gómez… me siento tan mal… Todos los días tengo que lidiar con el trabajo y, encima, aguantar la cara de Rocío, que solo viene a hacerme la vida imposible… —Mireya apoyó la cabeza en el hombro de Álvaro y rompió en llanto.

Álvaro sintió que el corazón se le apretaba.

Con la voz cargada de rabia, dijo:

—Es solo una amante. Te prometo que voy a encargarme de ella.

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