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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 205

Álvaro y su esposa habían decidido no tener hijos nunca, así que no tenían descendencia.

Su relación siempre fue muy fuerte, de esas que resisten las tormentas del tiempo.

Antes de morir, su esposa le tomó la mano con fuerza y le repitió una y otra vez:

—Amor, toda mi vida he extrañado mi tierra, pero allá, todos mis parientes me dieron la espalda. Solo esa muchacha, que no era ni de mi sangre, me cuidó con todo el corazón. Es la mejor persona que he conocido, tienes que ayudarla. Su vida ha sido muy dura.

Su vida era muy dura.

Esa frase quedó grabada a fuego en la memoria de Álvaro.

Una niña tan desamparada, que había salido adelante por su propio esfuerzo y hoy, esa tal Rocío, una mujer sin escrúpulos, quería destruirle la felicidad.

¡Eso sí que no!

Álvaro le dio unas palmaditas en la espalda a Mireya para consolarla.

—Mi, ya no llores. Yo te voy a ayudar, te lo juro. Esa mujer va a dejar de molestarte.

—Señor Gómez, usted es muy bueno conmigo —dijo Mireya, con los ojos llenos de lágrimas, pero sonriendo al mismo tiempo.

—Hoy no te ves bien, no deberías quedarte en la obra. Vete a descansar. Las mujeres solo brillan cuando descansan bien, Mi. Siempre tienes que mostrar tu lado más bonito y seguro frente a tu pareja, ¿entiendes?

—Entiendo, señor Gómez. Me voy a descansar. Cuando me recupere, en la tarde tengo que visitar a un paciente. Tengo que estar en mi mejor momento —asintió Mireya una y otra vez.

—Eso está bien.

Mireya tomó su bolso y se marchó del sitio de construcción.

Álvaro, en cuanto la vio irse, sacó su celular y marcó un número internacional.

Los que estaban cerca no alcanzaban a escuchar bien lo que decía, solo se oía cómo repetía con fuerza:

—Entre más rápido, mejor. Si llegan pronto, todo se resolverá sin problemas y mi sobrina sufrirá menos, no tendrá que aguantar más molestias.

—¿Una semana? Está bien, pero no puede pasar de ahí. Eso es todo, hasta luego.

Colgó con un gesto serio, la mirada le brillaba con una dureza especial.

Cuando Rocío y Raúl salieron del sitio de construcción, se dirigieron directamente al hospital donde Samuel estaba internado.

—La verdad, yo nunca había tratado con el señor Ríos. Solo escuché a otros decir que era complicado, incluso cruel. Pero ahora que lo conozco, no me parece tan raro. ¿Será que por ti, Roci, hasta su carácter cambió? —bromeó Raúl cuando llegaron frente al hospital.

Rocío tampoco lo tenía claro.

Hace dos meses, ella misma apenas sabía algo de Samuel.

Se dio cuenta de que para conocer de verdad a una persona, no basta con lo que dicen los demás; hay que vivirlo uno mismo.

Apenas bajó del carro, Rocío vio una florería repleta de colores y flores de todo tipo. Ni lo pensó.

Sintió ganas de regalarle algo a Samuel, aunque no supiera bien por qué.

Entró y escogió algunas flores que representaban cariño y amistad, luego pidió que las acomodaran con esmero.

Con aquel ramo en brazos, Rocío y Raúl caminaron juntos hacia el área de hospitalización...

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