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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 239

Al escuchar la noticia, Lázaro se levantó de su asiento de inmediato y salió apresurado hacia la puerta.

Afuera del tribunal, toda la familia Valdez, junto con Mireya, acababan de llegar.

—¿Qué pasó, Lázaro? ¿Y Rocío? —preguntó su madre, Fernanda Valdez, con el ceño fruncido.

—¡No vino! —contestó Lázaro, dejando caer las palabras antes de seguir su camino hacia la salida.

Tan solo el día anterior, su hijo le había informado que Rocío lo había demandado para divorciarse, y que la audiencia sería al día siguiente.

Además, ese divorcio se iba a transmitir públicamente; cuando la familia Valdez se enteró, todos quedaron tan atónitos que hasta se les olvidó la cena.

—¿Y ahora qué le pasa a esa mujer? Mira que querer divorciarse de nosotros, la familia Valdez. Lo que quiere es quedarse con nuestra fortuna, ¿no? —aventó Fernanda, con la voz cargada de indignación.

Pero ahora que ya estaban en el tribunal, ¿Rocío ni siquiera se presentó?

A un costado, Elsa soltó una risita despectiva.

—Ya decía yo que no se iba a atrever a divorciarse de los Valdez. Tanto escándalo y, a la mera hora, cuando sí tenía que dar la cara, se esfumó. Yo pensé que, por fin, iba a demostrar algo de carácter, pero no, se rajó. Lázaro, no la dejes ir tan fácil. Hay que llegar al divorcio sí o sí.

Mireya, a su lado, también dejó escapar una sonrisa desdeñosa.

Al final, ¿Rocío seguía sin querer divorciarse?

—¿A dónde vas, Lázaro? —gritó Fernanda desde atrás.

—¡A la estación de policía! —respondió él, y se dirigió directo al estacionamiento.

Subió al carro y el chofer lo llevó a toda velocidad a la estación de policía más cercana al lugar donde Rocío había desaparecido. Al llegar, un oficial le informó:

—Fue una pareja de ancianos que salió a caminar en la mañana quienes encontraron este celular.

—¿Y cómo están tan seguros de que a Rocío la secuestraron? —preguntó Lázaro, con el corazón en un puño.

El policía sacó unas fotos y se las mostró.

—Aunque el suelo estaba bastante revuelto, se alcanza a ver que alguien dibujó un SOS con el pie, pidiendo ayuda. El carro de la señora también estaba ahí cerca y, revisando la cámara del tablero, se puede distinguir, aunque un poco borroso, que parece que varios hombres la obligaron a irse con ellos.

El corazón de Lázaro se apretó tanto que sentía que le faltaba el aire, como si lo estuvieran exprimiendo desde dentro.

Capítulo 239 1

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