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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 240

Lázaro ni siquiera la miró.

Mireya se sintió un poco incómoda.

No le quedó de otra más que reírse para sí, intentando aligerar el ambiente.

—El señor Valdez ya regresó, podemos empezar la reunión. Roque, ¿puedes contarnos cómo van las cosas de tu lado?

Roque tenía la preocupación dibujada en la cara.

—Estamos enfrentando un problema serio: si usamos madera grande para las partes que soportan más peso, los costos se nos van por las nubes. Y hay otro detalle, según los planos, cada pieza de madera sale o más larga o más corta de lo que debería. La diferencia no es mucha, pero en construcción, un centímetro puede provocar un desastre. Me preocupa que las casas terminen siendo peligrosas.

—A nosotros nos pasó igual —intervino otro ingeniero.

—¡Y a nosotros también! —agregó uno más.

—En todos los equipos tenemos el mismo problema. Al principio parece que todo encaja, pero hay diferencias pequeñas y nadie ha encontrado el motivo. ¿Qué está pasando?

Varios ingenieros empezaron a hablar al mismo tiempo, señalando el mismo misterio y sus dudas.

Eso solo hizo que Lázaro, que ya venía cargando un montón de preocupaciones, se sintiera todavía más abrumado.

No había problema con el terreno, los ingenieros eran de primera. Mireya, en particular, era reconocida por su profesionalismo. Sus planos y el proyecto de urbanización habían sido aprobados por todos, y cualquiera que los viera confirmaría que estaban correctos.

El diseño de Mireya para el centro de retiro había recibido elogios de todos los ingenieros.

Así que los planos no podían estar mal.

¿Entonces de dónde venían esos errores tan sutiles?

Mientras todos seguían pensando, Mireya se puso de pie.

—Ya sé dónde está el detalle: es la madera. Los proveedores no han secado bien la madera, todavía tiene humedad, y eso hace que las medidas cambien un poco. Si la ponemos al sol y dejamos que se seque por completo, ya no vamos a tener ese problema.

A todos les cayó el veinte.

Los ingenieros aplaudieron de inmediato y entre risas dijeron:

—¡La señorita Amaya sí que sabe! Su solución es la más directa y efectiva.

Un problema tan complicado, Mireya lo había resuelto como si nada. Eso hizo que los ojos de Lázaro se suavizaran y mirara a Mireya con orgullo.

—Gracias, Mire —dijo con sinceridad.

Mireya le respondió con la misma honestidad:

—Lázaro, tú y yo no necesitamos darnos las gracias.

—¿Señor Paredes? —por un momento, Lázaro no ubicó quién era.

Mireya se animó de inmediato.

—¡Debe ser Sim! Seguro es Simón, viene a verme. Lázaro, ¿por qué no invitamos también a Simón a la comida con los ingenieros hoy al mediodía?

Pensaba que Simón tenía mucho peso ante Lázaro, y además, él siempre la apoyaba. Aquella vez que Mireya se pasó de copas, Simón la había llevado a casa y la vio llorar como nunca. Simón se había quedado muy preocupado por ella.

—¡Dile que pase! —pidió Mireya.

—Ahora mismo.

Lázaro había pensado esconderse en su oficina para lidiar con lo de Rocío, pero ahora no le quedó de otra más que quedarse con Mireya y esperar a Simón.

Un minuto después, Simón entró y se paró frente a los dos.

—Sim, ni te imaginas el problemón que resolví esta mañana en la fábrica. Todos los ingenieros me felicitaron —dijo Mireya con un tono juguetón y buscando su aprobación.

Pero Simón ni siquiera la miró. Su expresión era dura y fue directo con Lázaro.

—Tu esposa fue secuestrada, ¿no te has enterado?

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