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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 242

—¡No digas tonterías!

Simón abrió la puerta del carro y estuvo a punto de subirse.

Pero Mireya, terca, no lo dejaba ir y seguía agarrada de la puerta.

—Sim, ¿me puedes decir por qué eres amigo de Rocío? Tú sabes que Rocío siempre me ha hecho daño, siempre quiere quitarme a Lázaro, tú sabes que ella…

—¿Ella te hace daño?

Simón la interrumpió, mirándola con una mezcla de ironía y cansancio.

—¿Ella te quiere quitar a Lázaro?

—¿Acaso tú también crees que fue ella quien te robó esos dieciséis años de buena vida? ¿Piensas que ella te robó a tus papás?

Mireya se quedó de piedra.

—¿Tú… lo sabes todo? Sim, si ya sabes que ella me quitó a mis papás, que me quitó esos dieciséis años, ¿por qué sigues defendiéndola?

Simón soltó una carcajada amarga, levantando la cabeza como si el cielo pudiera darle una respuesta.

Al terminar de reír, la miró con una expresión dura, cortante.

—Mire, siempre me contaste que antes de los dieciséis viviste mal, pero nunca me dijiste qué pasó cuando volviste a la familia Zúñiga. ¿Dónde quedó la niña que antes vivía ahí? ¿Acaso ella no merece vivir? Hace años, cuando en el hospital las cambiaron, ella también era una bebé indefensa. ¿Qué culpa tenía ella? ¿No tiene derecho a vivir solo porque tú regresaste a tu familia?

Mireya no supo qué responder.

—Y otra cosa —agregó Simón, elevando la voz—. Todo este tiempo me has repetido que Rocío quiere quitarte a Lázaro, pero, ¿no se te olvida algo? ¡Tú no eres la esposa de Lázaro! ¡No lo eres!

—¡Rocío es la esposa de Lázaro!

—Todo este tiempo jamás te ha quitado a tu hombre. ¡Eres tú la que le está quitando a su esposo!

—¡Eres tú la que le está quitando lo que le pertenece, ¿entiendes?!

—¡Eres tú la que está volteando todo al revés!

—Mire, tu dignidad, tu orgullo, tu "buen nombre", incluso ese novio en el que tanto te apoyas, todo eso está construido sobre el dolor de Rocío.

—¿Por qué nunca me lo contaste antes?

—No solo no me lo dijiste, sino que siempre te las arreglabas para darme lástima, para que yo te ayudara a enfrentar a Rocío. ¿Sabías que Rocío casi muere por mi culpa?

Mireya se quedó muda.

...

Lázaro salió de la empresa lo más rápido que pudo. Apenas iba saliendo cuando se topó con Mireya, que venía de regreso luego de buscar a Simón.

—Lázaro, ¿a dónde vas tan apurado? —le preguntó Mireya, notando su prisa.

Pero Lázaro, como si no la hubiera escuchado, siguió de largo, tomó el elevador y se dirigió directo al estacionamiento. Subió a su carro y salió volando hacia la casa de Rocío.

Treinta minutos después, llegó al edificio donde vivía Rocío.

El lugar era antiguo, con edificios viejos y mucha vida de barrio. Se notaba que ahí vivían familias de verdad, de esas que llenan el aire de historias y de olor a comida.

Apenas estacionó el carro, vio a tres personas paradas en la entrada del edificio.

Elvia, Sergio y Paula.

Los tres tenían los ojos enrojecidos, las caras llenas de lágrimas.

Lázaro miró a Sergio, tragó saliva, y habló con voz temblorosa.

—Sergio, hijo, ¿quieres venirte a casa con papá?

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