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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 260

La abuela se quedó sin palabras.

Después de un largo rato, se frotó los ojos irritados y dijo con la voz entrecortada:

—¿Cómo pudo ese extranjero hacer algo así? Si mi nieta le salvó la vida y lo libró de ir a la cárcel. ¿Cómo se atreve a atacarla por la espalda? ¡Uuuuh…!

La anciana lloraba en silencio, pero su llanto era desgarrador.

Al instante, Rocío se arrepintió de habérselo contado.

La abrazó por la espalda para consolarla.

—Mi reina, ¿vas a seguir compadeciéndote de cualquiera? ¡Dime!

—Ya no me voy a compadecer de nadie.

—¡Te perdono! El fin de semana te compraré unos tacones nuevos. Y varios labiales para que los combines. Ya no llores, que te vas a poner fea —dijo Rocío, secándole las lágrimas con un pañuelo.

La anciana miró la olla.

—Hija, hoy se me quemó la sopa. Voy a bajar a comprar algo. Y de paso les traigo unos sándwiches a ustedes tres. A mí se me antojó un vaso de leche.

—Te conozco, te conozco. Lo que quieres es presumir tus tacones nuevos en el mercado —dijo Rocío, que conocía perfectamente a su abuela.

La abuela salió, pavoneándose con sus tacones.

Pero pasó más de media hora y no regresaba.

Rocío sintió que algo andaba mal. Sin siquiera cambiarse la pijama, bajó corriendo a los puestos de comida.

En los pocos puestos que quedaban, no había ni rastro de su abuela.

Rocío llevó a Sergio deprisa al kínder. Durante todo el camino, usó un cubrebocas y se cubrió bien para que nadie la reconociera. Por suerte, funcionó.

Al regresar del kínder, ella y Elvia se pusieron a buscar a la abuela por todas partes.

Mientras buscaban, Elvia preguntó de repente:

—¿No crees que la abuela se haya ido al hospital a buscarle pleito a Álvaro?

Tenía la sensación de que Rocío no era ese tipo de persona.

Pero al recordar la actitud de Lázaro hacia ella y lo que Matías le había contado —que Rocío iba a la obra solo para molestar a Mireya—, no quiso ceder.

—¡Vieja bruja! ¡Tu forma de vestir y el escándalo que armaste en la fiesta de la abuela de los Zúñiga demuestran que de tal palo, tal astilla! ¡Tú no eres una mujer decente, y Rocío tampoco! ¡Las dos son iguales, tratando de seducir hombres para conseguir lo que quieren!

—¡Muérete, viejo desgraciado…! —gritó la abuela y, llorando, intentó abalanzarse sobre Álvaro.

Pero Violeta, Cristian e Ineta la detuvieron y la empujaron fuera de la habitación.

—¡Muérete tú, vieja indecente! —le gritó Violeta, dándole un fuerte empujón.

La abuela cayó justo en los brazos de Rocío y Elvia, que acababan de llegar.

—¡Hijos de puta! ¡Todos contra mi abuela! ¡Hoy sí me los acabo! —gritó Elvia y, con los dientes apretados, se lanzó al interior de la habitación.

***

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