—¡Qué estúpido soy!
Matías se culpaba una y otra vez.
Mientras se culpaba, miraba el video y los comentarios.
Uno de los comentarios decía:
—Ayer al mediodía, cuando el señor Valdez protegió a Rocío a la salida del hospital, ya dijo a gritos que era su esposa, pero ustedes no quisieron escuchar. ¡Insistieron en llamarla amante profesional! ¡Ay, el acoso en línea es terrible! ¡Miren a qué punto han llevado a la gente!
—Yo admiro mucho a Rocío. En una situación tan adversa, con tanta gente ayudando a la amante a atacarla, ha conseguido superarlo. Y además, ha cuidado de tres personas más débiles que ella con las que no tiene lazos de sangre. La admiro mucho.
—Aunque Rocío es humilde y modesta, es muy fuerte. ¿Quién de nosotros podría soportar algo así?
—Es realmente fuerte e inquebrantable.
Los comentarios eran unánimes en su compasión y admiración por Rocío.
Una situación completamente opuesta a la de ayer.
—¡Los blogueros que acosaron a Rocío deben estar abofeteándose la cara hasta dejársela hecha un desastre!
—En el futuro, no difundamos rumores sin fundamento, sin haber pillado a la gente con las manos en la masa. ¡Eso es maldad!
Al leer este comentario, el rostro de Matías se ensombreció aún más.
Él fue el primero en difundirlo.
Él fue el instigador.
En ese momento, Matías ni siquiera sabía qué hacer.
El video seguía en directo.
La voz de Rocío, en ese momento, sonaba tranquila pero con un toque de tristeza e impotencia.
—Necesito volver a mi trabajo urgentemente, necesito tramitar un nuevo registro para mi hijo. Busqué al señor Valdez una y otra vez para preguntarle si había firmado, pero cada vez me humillaban y me echaban. Durante ese tiempo, intenté de todo para verlo. Señoría, ¿puedo reclamarle la pérdida de ingresos que esto me ha ocasionado?
El juez no supo qué decir.
Sinceramente, le daban ganas de bajar y abofetear a Lázaro.
¡Qué manera de hacer las cosas!
¡No había necesidad de ir a juicio!
—¿Ha recopilado pruebas que ayuden a su divorcio y a la división de bienes? Si es así, preséntelas.
El abogado de Rocío, Romeo, se levantó con calma y, también dirigiéndose a la cámara, dijo:
—He recopilado pruebas de que, en los últimos tres años, la novia del señor Valdez ha gastado un total de mil millones de los bienes comunes del señor Valdez y la señorita Amaya. Mi clienta, la señorita Amaya, ¡está decidida a recuperar hasta el último céntimo de esos mil millones!
Al oír esto, tanto dentro como fuera del tribunal, todos quedaron atónitos.
Fuera del tribunal, todos los que vieron el video exclamaron con asombro:
—¡Vaya, qué jugada maestra!
—¡La esposa legítima no es ninguna blanda!
—¡Apoyo a la esposa! ¡Que recupere los mil millones, con intereses y todo!
Fuera del tribunal, los comentarios del video eran un hervidero.
En el tribunal, Rocío miró a Lázaro con expresión firme.
—Lázaro, ¡dile a tu novia, la señorita Zúñiga, que me devuelva hasta el último céntimo de esos mil millones! ¡Si no, haré que se pudra en la cárcel!

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