—¿No fueron ustedes los que me pidieron que viniera? —preguntó Rocío, mirando a Ineta con indiferencia.
—¡No digas estupideces, eres una aprovechada y una descarada! ¿Crees que yo te pedí que vinieras? ¿Viniste a molestarnos, a hacer que el señor Gómez se ponga peor? —Mientras hablaba, Ineta se abalanzó para golpear a Rocío.
En la mente de Ineta, ella había criado a Rocío durante dieciséis años.
Rocío no solo le debía todo a Mireya, ¡sino también a ella!
Por eso sentía que tenía todo el derecho de insultarla como quisiera, y que Rocío no podía replicarle.
En un acto reflejo, Simón se interpuso, protegiendo a Rocío.
—¡Señora Zúñiga, no puede hacer eso!
—¡Señora Zúñiga, fuimos nosotros quienes llamamos a la señorita Amaya! Si tiene intenciones de hacerle daño, por favor, espere a salir del hospital. Aquí dentro, debe respetar las indicaciones de los médicos. ¡Es el señor Gómez quien quiere ver a Rocío! —le dijo el doctor a Ineta con severidad.
Ineta se quedó helada.
—El señor Gómez quiere ver a Rocío… ¿para qué?
No solo Ineta estaba sorprendida.
Todos los presentes lo estaban.
Especialmente Mireya, que miraba a Álvaro con incredulidad.
—Señor Gómez, ¿para qué quiere ver a Rocío? No es una buena mujer, me está extorsionando con mil millones…
No pudo terminar la frase, Álvaro la interrumpió.
En ese momento, Mireya y su familia le parecieron increíblemente molestos.
¿Por qué no podían dejarlo hablar? ¿Por qué lo interrumpían y se interponían una y otra vez?
—¡Cállate! —le dijo Álvaro con voz débil.
Mireya se quedó atónita.
—¿…Señor Gómez?
—¡Cállate! —repitió Álvaro. Luego, con su mano huesuda, señaló a Rocío—. Señorita Rocío, ¿usted… usted vino?
Todas las miradas se posaron en Rocío.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Desquite de una Madre Luchona