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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 339

Todos se giraron hacia el lugar de donde provenían las voces.

Detrás de ellos había dos hombres.

Simón y Samuel.

Para ser exactos, Simón estaba delante y Samuel detrás. Simón no sabía que Samuel también había llegado.

Simón no había venido hoy a buscar a Rocío, sino a Mireya.

Ya sabía que Mireya estaba embarazada.

Él mejor que nadie sabía que aquella noche, el agua helada de las mangueras había dejado a Mireya con el cuerpo congelado, provocándole una fiebre de más de cuarenta grados. Al día siguiente, le habían administrado antipiréticos, antivirales y antibióticos.

Como médico, era muy consciente de la imprevisibilidad de las mutaciones genéticas.

Un embrión es muy frágil y necesita la mejor protección posible dentro del cuerpo de la madre.

Aunque el embrión se hubiera formado sano y sin errores en la secuencia genética inicial, si durante el período de división celular el feto se veía afectado por factores externos, todavía podía producirse una mutación genética.

Aunque muchas mutaciones genéticas se pueden detectar durante el embarazo…

Hay algunas enfermedades por mutación genética que no se pueden detectar mientras el feto está en el útero.

Cuando el niño nace, ya es demasiado tarde.

Por ética profesional, Simón había intentado persuadir discretamente a Mireya en casa de la familia Zúñiga.

Pero Mireya no quiso escuchar.

Le dijo:

—Simón, ni mi conciencia ni mis creencias me permitirían deshacerme de mi bebé. Dicen que la naturaleza es sabia y que solo los más fuertes sobreviven. Si los fetos tuvieran alguna malformación o mutación genética, no podrían sobrevivir en mi vientre. Pero están perfectamente, ¿y sabes qué significa eso? ¡Que están muy sanos!

Eso fue lo que Mireya le dijo en casa de los Zúñiga.

En ese momento, había mucha gente.

No era apropiado seguir insistiendo.

Hoy, como no tenía consulta ni cirugía en el hospital, quiso volver a advertirle. Las consecuencias podrían ser para toda la vida.

Pensó que lo intentaría una vez más. Si Mireya seguía sin escuchar, no volvería a mencionar el tema.

Cada vez tenía menos ganas de ser amigo de Mireya y de los Zúñiga.

¿Era su culpa no tener padres?

¿Era su culpa haberse convertido en una niña de la calle?

¿Y qué si era la hija falsa?

¿Acaso eligió ella nacer así?

Era solo un bebé. Que la hubieran intercambiado al nacer la convertía también en una víctima. ¿Por qué ser la hija falsa se había convertido en su pecado original?

¿Por qué todos la insultaban llamándola huérfana, niña de la calle, pordiosera, sucia?

Al menos hasta ahora, Rocío era la mujer más limpia, con más conciencia y compasión que Simón había conocido, y aun así, nunca había dependido de ningún hombre, demostrando una increíble fortaleza.

Cuando Fernanda le gritó a Rocío que nadie se casaría con ella, Simón no dudó en decir que él se casaría con ella.

Pero no se dio cuenta de que, detrás de él, había otro hombre.

Y la voz de ese hombre era más fuerte, más clara, ¡más firme que la suya!

***

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