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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 357

—¡Tú… vieja bruja! ¡Si vine a disculparme es porque nos has acorralado hasta dejarnos sin salida! ¿No te das cuenta de lo despreciable que es tu comportamiento? —Violeta ya venía con el estómago revuelto de ira.

Al escuchar a la abuela ordenarles que se arrodillaran, explotó como una bomba.

—¡Vieja bruja y vieja amargada serás tú! Si no quieres arrodillarte ante mi abuela, ¡lárgate! —Elvia Cortés se plantó frente a Violeta, con las manos en la cintura.

Violeta se quedó callada de inmediato.

Conociendo los métodos de Samuel y sus matones, era muy probable que esa noche toda su familia terminara durmiendo en la calle.

Era cierto que su nieto político era Lázaro, pero su nieta acababa de recibir mil millones de él y estaba a punto de casarse. Antes de la boda, todavía tenía que contarle a Lázaro ese asunto tan importante.

Así que, en ese momento, por más humillada que se sintiera, Violeta no tenía más remedio que aguantar.

Como dicen, la verdadera fortaleza está en mantener la calma ante la adversidad.

Aun habiendo llegado a esa conclusión, Violeta miró a la abuela y a Elvia con una expresión de orgullo herido.

—Mi esposo y yo podemos arrodillarnos ante ti, pero al menos danos una razón aceptable para que dos ancianos en el ocaso de sus vidas lo hagan.

Miró a Rocío, que no había dicho una palabra, y dijo con un tono deliberadamente lastimero:

—No puede ser que la razón sea que la familia Zúñiga crió a la hija de otros durante dieciséis años sin esperar nada a cambio, ¿y que al final esa hija no solo le robe el esposo a mi nieta, sino que además se vuelva contra nosotros como un perro rabioso para destruir a toda nuestra familia?

—Violeta, ¿está hablando de mí? Si es así, por favor, dígalo directamente. No ande con indirectas, eso no es propio de una mujer con estudios universitarios como usted —dijo Rocío, mirando a Violeta con una expresión tranquila.

La voz de Violeta sonaba desolada y ofendida.

—¡Claro que hablo de ti! ¡Le robaste el hombre a Mireya! ¡Malagradecida! ¡Y encima nos atacas! ¿Acaso la familia Zúñiga se equivocó al criarte? ¿Criamos a una enemiga?

Al ver que el anciano no la defendía, Violeta solo pudo tragarse su ira, aunque le costaba contenerse.

Dejó de atacar a Rocío y miró a la abuela con fastidio.

—Podemos arrodillarnos ante ti, ¡pero dame una razón para hacerlo! Si no tienes ninguna razón para exigir que mi esposo y yo nos arrodillemos, ¡entonces estás abusando de tu poder!

—¿Abusando de mi poder? —La abuela se secó una lágrima de sus ojos cansados y miró a Javier y Violeta.

Finalmente, fijó su vista en Javier.

—Viejo infeliz, cuando llegaste a mi casa en desgracia, estabas desesperado, ¿o no? ¡Dime!

***

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