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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 376

—Es que la abuela ha sufrido tanto… y ese es el único deseo que tiene en la vida…

Rocío negó con la cabeza.

—Esos dos vejestorios ya se arrodillaron ante mi abuela, y eso le permitió desahogarse un montón. Mi abuela no sabe leer, pero no es tonta, sabe sopesar las cosas. Si Lázaro paga esos miles de millones por los Zúñiga ahora, ¿no crees que después de las fiestas les irá todavía peor?

Samuel sonrió al instante.

—¡Sigues siendo la más lista!

—Ya vete a casa, buenas noches —dijo Rocío.

—¡Buenas noches! —Samuel levantó su mano de nudillos definidos, le sujetó la cabeza con delicadeza y le dio un suave beso en la frente—. ¡Te deseo una victoria rotunda!

Luego, se dio la vuelta y se fue.

Rocío, tomando a Sergio de la mano, también subió a su departamento.

Esa noche, Rocío durmió profundamente.

Al día siguiente se despertó sintiéndose muy bien.

Después de desayunar, salió con Elvia y Sergio en el carro. Primero dejó a Sergio en el kínder y luego se fue con Elvia al estudio de diseño.

Pasó toda la mañana en una reunión de fin de año con Samuel, Raúl Esquivel, Fabián Salinas y otros inversionistas.

Cuando la reunión terminó, los rostros de todos reflejaban esperanza y determinación.

Especialmente Raúl, que miraba a Rocío con el cariño de un padre a su hija.

—Rocío, al ritmo que vamos, en cuanto se reanuden las obras después de las fiestas, el Grupo Valdez va a…

Rocío mantuvo una expresión serena, sin mostrar emoción alguna.

—Así es.

Aunque hubieran estado casados durante seis años, Lázaro y Mireya debían asumir las consecuencias de haberle robado su trabajo.

Pudieran soportarlas o no.

—¡Excelente! —exclamó Raúl, aplaudiendo—. Rocío, casi puedo ver el día en que les calles la boca a todos.

A la tarde siguiente, Rocío llevó a su abuela, a Elvia y a Sergio a La Mesa Dorada.

A medio camino, Sergio usó su reloj inteligente para invitar a Samuel en secreto.

Pensó que, si iban a tener una cena familiar, ¿cómo podía faltar Samuel? Además, planeaba hablar con su tía-abuela Elvia para ver cuándo se casarían Samuel y su mamá.

Antes de llegar a la puerta del restaurante, vieron al dueño esperándolos para darles la bienvenida. Los guio hasta el reservado que les había guardado.

Lo que Rocío no esperaba era ver, en el reservado de enfrente, a Fernanda Muñoz.

Y con ella a Mireya, Cristian, Ineta, Javier, Violeta y otras personas que Rocío no conocía.

—¡Rocío, nos tendieron una trampa! ¡Tú llévate a Sergio y a la abuela, yo me encargo de ellas! —Elvia se puso de inmediato delante de Rocío, la abuela y Sergio para protegerlos.

Pero Rocío apartó a Elvia con suavidad y se colocó al frente, mirando con calma al grupo encabezado por Fernanda.

—Fueron ustedes quienes le pidieron al dueño del restaurante que me llamara, ¿verdad?

***

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