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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 382

Esa tipa.

¿Se refería a su mamá?

Carolina no se atrevió a levantar la cabeza. Siguió masajeando las piernas de Mireya con esmero y, poco a poco, en secreto, contuvo las lágrimas que estaban a punto de brotar.

No se atrevía a llorar.

Con solo cinco años, probó por primera vez el amargo sabor de tragarse las lágrimas.

Era difícil de tragar.

—Ven, niña. Dale un masaje a la abuela —dijo Ineta, sentándose junto a Mireya y haciéndole un gesto a Carolina.

Carolina se dio la vuelta y miró a Ineta con una sonrisa inocente.

—Sí, abuela.

¿Qué fuerza podía tener una niña pequeña?

Ineta solo lo hacía por divertirse.

Pero Carolina sentía que se le iban a romper las muñecas del cansancio.

Ineta también se dio cuenta de que Carolina estaba cansada y le dijo con una sonrisa:

—Qué obediente. De ahora en adelante, sé así de obediente con tu nueva mamá. Si eres obediente y te portas bien, tendrás tu recompensa, ¿entiendes?

Carolina asintió.

—Entendido, abuela.

—Ve a jugar arriba —dijo Ineta.

—Sí, abuela —Carolina se levantó de inmediato y subió corriendo a su cuarto, como si escapara de algo.

Nadie supo lo triste que lloró, sola en su habitación.

Su papá aún no había regresado.

Y no se atrevía a llamarlo por teléfono, por miedo a que la gente de la casa la escuchara.

Así, escondida en su cuarto, esperó, y el tiempo se le hizo eterno.

Abajo, Mireya le reclamó a Ineta en voz baja:

—Mamá, estamos en casa de los Valdez. De ahora en adelante, tenga más cuidado, sobre todo con Carolina. No puede…

—Es que me da asco esa tipa de Rocío, ¡y por extensión me da asco su hija! ¡Tiene la misma cara que su madre! ¿A ti no te da asco? ¿De verdad puedes quererla como si fuera tu propia hija?

Mireya no respondió.

Capítulo 382 1

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