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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 45

Desde aquella vez que fue lastimada por Carolina afuera de la casa de los Valdez, Rocío no volvió a contactar a Lázaro, mucho menos fue a buscarlo.

La mirada de Lázaro, al verla, titubeó un momento, pero de pronto sus ojos se tornaron filosos.

—Jamás te dije que Carolina celebraría aquí su cumpleaños. ¿Cómo lo supiste? ¿Me seguiste? ¿Me estuviste persiguiendo todo el tiempo?

—¿Que yo te estuve siguiendo? —Rocío soltó una risa incrédula frente al reclamo.

—¡Lárgate de aquí ahora mismo! —Lázaro la echó como si fuera una desconocida que estuviera arruinando el ambiente del lugar.

—Casi lo olvido, hoy es el cumpleaños de Carolina... Pero, ¿cómo es que el cumpleaños de Carolina y el de Sergio caen el mismo día? —Elvia, confundida, miró a Rocío y le preguntó.

Todos los años, el cumpleaños de Carolina se celebraba en la antigua casa de los Valdez.

Elvia nunca había asistido a esas fiestas.

Con el tiempo, hasta se le olvidó la fecha exacta del cumpleaños de Carolina; sólo recordaba el de Sergio.

Rocío asintió.

—Sí.

—¿Qué está pasando aquí? —insistió Elvia, sin entender nada.

—Luego te explico —dijo Rocío.

Alzó la cabeza y, con voz tranquila, se dirigió a Lázaro.

—Este hotel no es propiedad del Grupo Valdez. No es tu espacio privado. Si tú puedes venir, yo también. ¿Acaso el señor Valdez tiene derecho a echarme?

—Tú...

Pero Rocío le dio la espalda y jaló a Elvia hacia la recepción.

Mientras caminaban, Rocío le fue aclarando:

—Siempre hacían el cumpleaños de Carolina en la casa de los Valdez, porque ahí hay un chef de primera que cocina igual de bien que en cualquier hotel de lujo. Por eso nunca celebraban en hoteles. ¿Quién iba a pensar que justo este año lo harían aquí? Vaya coincidencia...

—Todavía no me has dicho por qué Carolina y Sergio cumplen años el mismo día —insistió Elvia, cada vez más curiosa.

—A Sergio lo encontré en la calle, no sé cuándo nació. Así que le puse el cumpleaños el mismo día que Carolina —respondió Rocío, dejando escapar una sonrisa triste.

Cada vez que mencionaba el cumpleaños de Carolina, a Rocío le venía a la mente el momento en que la tuvo, cuando casi muere desangrada en la sala de parto.

Y a pesar de todo eso... Carolina...

El dolor de sentir el rechazo de su hija la atravesaba una y otra vez; era una herida que no cicatrizaba.

Apenas hacía dos semanas, Rocío había salido en plena noche a buscar a Carolina, preocupada por su hija, con la ropa puesta al revés y sin dormir en toda la noche. Cuando regresó, traía los ojos hundidos y la piel apagada.

¿Y así era como Carolina le pagaba?

A Elvia le hervía la sangre.

No se aguantó y le gritó a Carolina:

—¡Carolina! ¡Ella es tu madre, la que te dio la vida! ¡Eres parte de su carne y hueso! ¿Cómo te atreves a tratar así a la mujer que te trajo al mundo?

Su enojo salió como una explosión.

Carolina, asustada, se escondió detrás de Mireya.

Mireya la protegió de inmediato y, con una expresión gélida y de desprecio, lanzó un comentario a Elvia:

—¡Señora! ¡Contrólese! ¡Está asustando a mi hija! Si sigue atacándola, voy a llamar a la policía.

Elvia soltó una carcajada amarga.

—¿Tu hija?

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