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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 104

Adriana corrió de inmediato al lado de Bianca, con los ojos brillando de emoción.

—¡Ven, ven! ¡Hay chisme, hay chisme!

—¿Eh? —Bianca estaba confundida.

¿Qué chisme?

Adriana reprodujo el video en su celular y subió el volumen. Ambas juntaron las cabezas frente a la pantalla.

—¡Florencia! ¡Zorra, sal de ahí ahora mismo!

—¡Mujer sinvergüenza! ¡Te atreves a seducir a mi novio! ¡Presumes tu título de doctora mientras andas de coqueta por todos lados, pescando incautos! ¡Todos los hombres de Ciudad Ámbar son parte de tu ganado!

—¡Que todos juzguen! Esa maldita Florencia no solo sedujo a mi novio, sino que lo obligó a usar sus influencias por ella. ¡Por su culpa él perdió su trabajo, lo despidieron y lo quemaron en toda la industria, mientras esta mujer sigue como si nada, escondiendo la mano!

—¡Hoy te voy a arrancar esa máscara para que todos vean la clase de persona con la que conviven a diario!

El video se cortaba ahí; después entraba la policía para llevarse a la mujer escandalosa.

La multitud también se dispersó rápido.

Adriana chasqueó la lengua.

—Esa Florencia es tremenda. Con tal de ganar el proyecto hace lo que sea. ¿Qué busca? ¿A ese patán de Alexis? ¡De verdad que no le gira la ardilla!

Bianca tardó un momento en responder:

—Lo que dice la mujer del video no necesariamente es verdad. Podría estar desahogándose porque despidieron al señor Felipe.

—Mmm, puede ser —dijo Adriana levantándose—. Igual, sea verdad o mentira no nos importa, el chisme estuvo bueno para reírnos un rato.

Cuando Adriana se fue, Bianca se quedó atónita unos instantes.

Si Florencia realmente era así, ¿qué haría Alexis?

Al descubrir que su amor de juventud no era tan pura e inmaculada como él creía, seguramente se derrumbaría.

Pero bueno, aunque se derrumbara o sufriera, ya no era problema de ella.

Bianca marcó la extensión interna y llamó a Benjamín. Le explicó el plan en voz baja.

—Gracias, Alexis —sollozó Florencia, aunque sabía muy bien que una simple promesa no bastaba para ser creíble.

Así que le contó a Alexis con lujo de detalles todo lo que había pasado últimamente, e incluso le mostró el historial de chats en su celular.

—Florencia, no voy a ver eso —dijo Alexis tomando las manos de ella, con voz suave pero firme—. Digas lo que digas, yo te creo.

Apretó los dientes y añadió:

—La última vez sentí que ese tipo tenía malas intenciones contigo, siempre se te quedaba viendo raro cuando hablaban. Lo sabía, no tramaba nada bueno.

—Y su novia es una ciega y estúpida. Es obvio que entre tú y él, él es quien no está a tu altura. ¿Qué razón tendrías tú para seducirlo? Al contrario, ese tipo es un sapo soñando con comer cisne.

—Tranquila, la policía ya se la llevó. Más tarde le pediré al departamento legal que la demande por difamación.

Al oír esto, Florencia se separó de inmediato de su abrazo.

Se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

—No es necesario demandar. Felipe fue despedido por ayudarme, así que le debo una. No culpo a su novia por el malentendido. Solo está triste y no puede aceptar el golpe. Dejemos esto así.

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