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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 119

Bianca frunció el ceño. ¿Vestido de noche? Realmente nunca había usado uno.

—Vámonos, saliendo te acompaño a comprar. Como agradecimiento, tú invitas la cena y listo.

Bianca no supo qué decir.

Y así, Adriana logró sacarle una cena gratis a Bianca.

Fueron a un atelier de alta costura bastante exclusivo.

Al entrar, la gerente las llevó a la sala de espera.

La hija de la familia Fajardo era clienta VIP de la tienda, así que la gerente le entregó una revista con una sonrisa dulce.

—Señorita Adriana, ¿qué tipo de vestido busca? Aquí están los modelos más nuevos. Escoja y se los traigo.

—No es para mí, es para mi amiga. —Adriana señaló a Bianca con la barbilla.

La gerente vio que Bianca era una cara nueva, pero se alegró internamente; otra clienta rica.

Bianca hojeó un poco. Al ver los precios, se sintió insegura y le susurró a Adriana al oído:

—Está carísimo, mejor vamos a otro lado.

Adriana le lanzó una mirada de «tranquila».

—Escoge lo que quieras, ponlo a la cuenta de mi hermano.

Bianca dudó.

¿Eso estaba bien?

—Lo vas a acompañar a un evento de trabajo, ¿no es justo que él pague?

Bajo la insistencia de Adriana, Bianca eligió unos cuantos vestidos de precio razonable y corte conservador.

Mientras esperaban a que la gerente trajera la ropa, escucharon voces afuera.

—Director Zúñiga, señorita Florencia, tomen asiento, por favor. La ropa está lista, se la empacamos enseguida.

Bianca se tensó un momento, pero su expresión se mantuvo serena.

En cambio, Adriana, al escuchar eso, puso los ojos en blanco exageradamente.

—¡Qué mala suerte! Nos los encontramos hasta en la sopa.

Bianca sonrió y negó con la cabeza.

—No dejes que gente irrelevante te arruine el humor. No vale la pena.

Aun así, Adriana paró la oreja para escuchar lo que pasaba afuera.

Aunque ya no esperaba nada de él, la comparación le dejó un sabor amargo.

Adriana pareció notar su sentir y le tomó la mano.

—Pruébate la ropa, no le ahorres dinero a mi hermano, él tiene tanto que no se lo acaba.

Bianca sonrió.

—Está bien.

Tras comparar, eligió uno bastante sobrio.

Al salir del estudio, Adriana se quejó:

—Con el cuerpazo que tienes, el de espalda descubierta te hubiera quedado mejor.

—Voy a trabajar, no a un concurso de belleza —respondió Bianca.

—Bueno, bueno. Pero tu ex de verdad está ciego. Ya verás cómo vendrá llorando a rogarte. —Adriana se colgó de su brazo.

Bianca bajó la mirada y dijo con calma:

—No lo hará. Y tampoco me importa.

La mejor relación con Alexis era hacer de cuenta que estaba muerto.

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