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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 178

Desde la última gran pelea, esta era la primera vez que se veían.

Verónica se quedó pasmada y le lanzó una mirada llena de odio a Bianca.

Bianca mantuvo una expresión serena, ni enojada ni molesta, ignorándola como si fuera aire.

Al ver esto, Verónica se enfureció más.

Justo en ese momento, Florencia salió de un cubículo. Al ver a Bianca, se acomodó el cabello largo y curvó sus labios rojos: —Nos volvemos a ver.

Bianca no le hizo caso.

—¿De qué te crees tanto? Sí, ganaste el arbitraje la última vez, ¡pero nadie gana siempre! ¡Ya te llegará tu momento de perder! —dijo Verónica con saña.

Bianca la miró de reojo. —Lo siento, pero hoy les volví a ganar.

—¿Qué? —Verónica se sorprendió por un momento—. ¿Qué es eso de que nos volviste a ganar?

Miró a Florencia y vio que esta tenía mala cara.

Florencia apretó los dientes. —No sé de qué habla. Vámonos, no le hagas caso.

—Tú sabes mejor que nadie lo que pasó. Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe; algún día te van a descubrir —advirtió Bianca con frialdad.

La espalda de Florencia se tensó.

¿Descubrir?

¿Acaso Bianca sabía algo?

No, imposible. Debe estar hablando de lo de Felipe.

Sí, seguro es eso.

Menos mal que ese idiota de Felipe asumió toda la culpa.

—Verónica, vámonos.

Verónica pataleó del coraje. —Señorita Florencia, es usted demasiado buena. ¿No vio esa cara de engreída que tenía? ¡Deberíamos haberle callado la boca!

Florencia respiró hondo y fingió una sonrisa. —No me gusta tener conflictos con la gente. Además, hoy tenemos una misión importante, no dejemos que alguien irrelevante nos arruine el plan.

Al recordar al cliente que esperaba en el privado de arriba, Verónica se detuvo en seco.

—¿Qué pasa? —Florencia le tomó la mano.

Apenas había logrado superar un poco la sombra de aquel suceso.

Pero hoy, al salir del trabajo, Florencia la volvió a citar.

Tenía miedo de verdad. Retrocedió unos pasos.

—Lo siento, señorita Florencia. Ver a ese director Robles me da náuseas, no quiero subir.

Florencia sonrió: —No es el director Robles, es un amigo mío. Es muy guapo y está muy interesado en los productos de nuestra empresa.

—¿De verdad?

—Claro que sí, ¿cuándo te he mentido?

—Está bien.

Verónica suspiró aliviada y siguió sus pasos.

Caminando al frente, Florencia curvó ligeramente sus labios rojos.

Al llegar al privado, Florencia hizo las presentaciones: —Este es mi buen amigo Víctor, y esta es mi asistente, Verónica.

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