Bianca negó con la cabeza.
—No, mamá. Esta noche me quedaré contigo, vamos a pasarla bien.
—¿Y qué tengo de divertido yo? —se quejó Selena en broma, antes de preguntar con cautela—: ¿Ningún muchacho te invitó a salir?
El tenedor de Bianca se detuvo en el aire.
—No. Mamá, ¿por qué preguntas eso?
—El hijo de la señora Paula, la de abajo, es un buen partido. Tiene tu edad, es alto y bastante guapo. ¿No quieres conocerlo?
—Mamá... —Bianca no sabía si reír o llorar.
¿Le estaba organizando una cita a ciegas?
—Por ahora no planeo tener novio. Mi prioridad es mi carrera y mis estudios.
Selena guardó silencio.
Más tarde, dejó el tenedor sobre la mesa y dijo con tono serio:
—Sé que tu última relación te rompió el corazón, hija, pero la vida sigue. No puedes cerrarte al amor ni juzgar a todos los hombres por culpa de uno solo.
Selena pensaba que la negativa de su hija era puro despecho, que había perdido la fe en los hombres tras su tormentosa ruptura con Alexis.
—Lo sé, mamá. No estoy cerrada a nada, es solo que he estado muy cansada últimamente. Quiero descansar un poco.
Al ver la fatiga marcada en el rostro de su hija, a Selena se le encogió el corazón.
—Está bien. Ve a tu cuarto a descansar, yo lavo los platos.
Bianca bostezó y se fue directo a dormir.
Pero cuando despertó, ni siquiera eran las once de la noche.
Qué hora tan incómoda. Demasiado tarde para empezar algo, demasiado temprano para volver a dormir y con el insomnio a todo lo que da.
Lo pensó un momento y decidió salir a contagiarse un poco del ambiente festivo de Año Nuevo.
Se envolvió en su chamarra de plumas, salió de puntitas y cerró la puerta con cuidado. El frío exterior era penetrante, calaba hasta los huesos y la hizo temblar de inmediato.
Al bajar, se dio cuenta de que había mucha gente en la calle, la mayoría jóvenes esperando la cuenta regresiva.
Sintiendo una ligereza que no experimentaba hacía tiempo, Bianca caminó calle abajo.
Había escuchado que el Ayuntamiento organizaría un espectáculo de fuegos artificiales y que se verían perfecto desde el malecón del río.
—¿En qué piensas?
Florencia también volteó a ver a Alexis.
Alexis había estado con el ánimo por los suelos toda la noche, perdido en sus pensamientos.
Bajó la mirada, sintiéndose culpable.
Desde que vio a Bianca cenando con otro hombre en Navidad, la ansiedad no lo dejaba en paz.
¿De verdad ella lo había olvidado? ¿Ya estaba en brazos de otro?
Las emociones de Alexis eran un caos.
Al principio, estaba seguro de que Bianca no podría superarlo y que tarde o temprano volvería arrastrándose. Pero luego, cada vez que la buscaba, ella le dejaba claro que no había vuelta atrás.
La última vez, cuando supo que él estaba enfermo, ni siquiera se dignó a contestar el teléfono.
¿Cómo era posible que en tan pocos meses hubieran llegado a este punto de no retorno?
Estos últimos días, al salir del trabajo, tenía la costumbre de conducir hasta el edificio de la familia Guzmán. Aunque no viera a Bianca, con solo alzar la vista y ver la luz de su ventana encendida, sentía un poco de calidez en el pecho.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...