«¿Acaso se estacionó en el segundo sótano?», pensó Adriana.
Se golpeó la frente con frustración. En los últimos dos días, la aparición de Hugo la tenía tan confundida que hasta le fallaba la memoria.
«¡Este hombre seguro trae algo entre manos!»
Hugo, sin que ella se diera cuenta, se había colocado detrás. Al verla golpearse la frente, no pudo evitar que se le escapara una sonrisa.
Señaló hacia aquella esquina.
—Tu coche está allá.
Adriana soltó una risa incómoda.
—Gracias.
Pero por dentro, lo estaba poniendo como lazo de cochino.
«¡Nadie te pidió tu opinión, metiche!»
Adriana presionó la llave y, efectivamente, se escuchó el pitido del seguro a la distancia. Apenas abrió la puerta, vio que Hugo ya se había subido a un Mercedes estacionado justo al lado.
«Con razón sabía dónde estaba mi coche».
El vehículo entró lentamente en la Residencia Jaramillo. El mayordomo, al verlos, entró de inmediato a avisar:
—Señora, el joven Hugo ha vuelto.
Alejandra, la madre de Hugo, ordenó apresuradamente a la cocina:
—Rápido, sirvan la comida.
En ese momento, Hugo ya estaba en el vestíbulo cambiándose los zapatos.
—Mamá, ya llegué.
—Uy, ¿qué es eso? —Alejandra le ayudó a cargar el maletín, frunciendo el ceño.
—Es la computadora, pienso adelantar trabajo en casa estos días festivos.
A Alejandra le palpitaban las sienes y no pudo evitar reprocharle:
—Ay, hijo, de verdad que no te entiendo. Podrías ser gerente en la empresa de tu propia familia, pero te empeñas en trabajar como arquitecto de software para el Grupo Fajardo. Y mírate ahora, trabajando hasta en Año Nuevo.
—No, esto no puede ser. Voy a hablar con Mariano para que te baje la carga de trabajo.
Hugo se desabotonó la camisa, sonriendo con resignación.
—¿Este año pasaremos la víspera de Año Nuevo solos o con la familia Fajardo?
A Alejandra se le iluminaron los ojos.
—¡Es cierto! Voy a preguntar. Sería ideal pasarlo ambas familias juntas. Así, si tu padre y tu hermano no vuelven, no estaremos tan solos nosotros dos.
—Está bien —dijo Hugo con una leve sonrisa.
Alejandra, siempre eficiente, llamó de inmediato a la casa de los Fajardo.
Tras unos cinco minutos de charla, Alejandra regresó sonriente y le dio una palmada en el hombro a su hijo.
—Listo, mañana cenamos las dos familias juntas.
Hugo sonrió, tomó un vaso de agua de la mesa y preguntó con tono casual:
—¿Irá toda la familia Fajardo?
—No, Adriana no va. La señora Castro dijo que se va de viaje, sale esta misma noche.
Hugo bajó la mirada y negó con la cabeza, resignado.
Esa niña seguramente seguía guardándole rencor por haberla rechazado años atrás.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...