—Tu papá ya no va a volver nunca.
—¿Por qué?
—Porque ya no está.
—Ah.
Ella pensó que ese «ya no está» significaba que su papá había muerto.
Pero cuando entró a la preparatoria se enteró de la verdad: su padre no había muerto, sino que había abandonado a su esposa e hija para convertirse en el yerno mantenido de una familia adinerada.
Después de tantos años, ella y su madre ya lo habían superado. Sin Ramiro, vivían muy bien.
Ahora que él las buscaba, sin importar sus motivos, ella jamás lo aceptaría.
Bianca no le contó a su madre sobre el encuentro con Ramiro abajo del edificio.
Después de desayunar, Selena dijo que iría al mercado a comprar cosas para la cena.
—Faltan algunas cosas para la fiesta, voy a comprarlas.
Bianca la detuvo de inmediato:
—Mamá, déjamelo a mí, tú descansa en casa.
—Iré contigo —insistió Selena.
Bianca se adelantó y salió por la puerta:
—Yo voy, quédate descansando.
—Ay, esta niña. Está bien, ve con cuidado. —Selena sonrió con resignación; su hija estaba actuando un poco rara hoy.
No le dio más vueltas y, tras darle algunas recomendaciones, se metió a la cocina.
Hoy era víspera de Año Nuevo.
En años anteriores, con Verónica, eran tres en la familia y todo era alegría. Este año, aunque solo fueran ellas dos, la cena no podía ser menos.
Había que tener espíritu festivo.
Al pensar en Verónica, Selena suspiró.
«Esa niña, ¿cómo fue que se alejó tanto de nosotras?»
Bianca bajó las escaleras. Esta vez se cambió de ropa a propósito y se puso una gorra.
Al llegar a la entrada, miró a todos lados y, al no ver a Ramiro, suspiró aliviada. Subió al coche y se dirigió al supermercado.
Al ser víspera de festivo, el tráfico y la gente en Ciudad Ámbar habían disminuido drásticamente.
El trayecto de cuarenta minutos le tomó solo veinte.
Bianca no era de las que paseaban; fue directo al grano, compró lo necesario y salió sin perder el tiempo.
Bianca lo fulminó con la mirada.
—¿Qué quieres ahora?
Alexis apretó los labios.
—Han pasado tres meses.
«¿Tres meses de qué?»
Bianca puso cara de confusión.
—Bianca, ya me has castigado suficiente tiempo.
Bianca: «¿¿??»
¡Cuántas veces tenía que decirle que ya habían terminado!
«Olvídalo», pensó. Tenía el presentimiento de que, aunque se lo explicara de nuevo, él seguiría inmerso en su propio mundo, creyendo que todo esto era una táctica de ella para castigarlo.
Al pensar en eso, Bianca soltó una risa involuntaria.
¿Qué tan arrastrada y rogona había sido ella antes para que él tuviera tanta confianza?
—Si tanto te gusta el carrito, te lo regalo. —Bianca, sin inmutarse, sacó sus cosas del carrito y las cargó en brazos.
Pero Alexis volvió a agarrarla del brazo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...