Mariano entró a la habitación y se inclinó hacia el anciano en la cama.
—Abuelo, ¿cómo te sientes?
Orlando sonrió con bondad.
—No es nada grave, son los achaques de siempre.
Al recordar que era víspera de Año Nuevo, el anciano suspiró.
—Perdónenme por las molestias. Por mi culpa no pudieron tener su cena familiar esta noche.
Mariano acercó una silla y se sentó.
—Abuelo, la cena familiar se puede hacer cuando sea. Cuando salgas del hospital, la reprogramamos.
—Está bien... cof, cof. —El anciano tosió un poco y Mariano se levantó de inmediato para darle palmaditas en la espalda.
El abuelo hizo un gesto con la mano.
—Estoy bien.
—Por cierto, Mariano, mañana acuérdate de ir a ver a tu papá y a tu tío. Deben sentirse muy solos allá en el monte.
Mariano guardó silencio un momento y asintió.
—Sí, iré.
El anciano en la cama, aunque tenía los ojos nublados, tenía la mente clara como el agua.
Notó el bajón emocional de su nieto.
Considerando que en todos estos años su nieto no había vuelto a tener novia, el abuelo entendió todo.
—Mariano, ¿todavía no puedes olvidar a esa chica?
A Mariano se le ensombreció la mirada. Le acomodó las cobijas al abuelo.
—No es eso.
—Abuelo, acabas de despertar, no te esfuerces demasiado. Descansa.
Antes de salir, instruyó a la empleada en la puerta:
—Estén atentos, cualquier cosa llámenme.
El anciano cerró los ojos profundamente.
Ese accidente de coche se llevó a sus dos hijos y provocó que las nueras de ambas familias no se volvieran a hablar jamás.
¡Él nunca aceptaría que su nieto estuviera con la hija del asesino!
Pero la actitud de su nieto esa noche lo dejó inquieto.
Al parecer, era hora de poner en la agenda el matrimonio de su nieto.
Los días festivos siempre pasan volando, y en un parpadeo llegó el cuarto día del año.
Por la mañana, apenas despertó, Bianca recibió una llamada de Adriana.
No eran pozas al aire libre, sino interiores, y tenían todo lo necesario.
Bianca iba a tomar la ropa que ofrecían ahí, pero Adriana la detuvo.
—¡Espérate! Esa ropa es muy equis, ¿cómo va a resaltar nuestra belleza?
Dicho esto, abrió el bolso que había traído.
—¡Tarán! Mira el traje de baño que seleccioné cuidadosamente para ti, señorita. ¿A poco no está divino?
Bianca bajó la mirada hacia el bikini de dos piezas que le habían metido a la fuerza; era una cantidad lamentable de tela.
Puso cara de incomodidad.
—Lindo sí es, pero... ¿no es... demasiado destapado?
Adriana respondió:
—Para nada. Además, solo estaremos nosotras dos en la poza, ¿de qué te preocupas?
Tenía un punto.
Tras pensarlo, Bianca dejó de resistirse y fue a cambiarse.
Al ponérselo no se miró al espejo, así que no sabía lo llamativa que se veía.
Adriana dijo que iría al baño y le pidió a Bianca que se adelantara.
—¿De qué lado está nuestra poza?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...