Entrar Via

El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 232

Dentro de Teje el Futuro.

Tras el fracaso de la presentación del nuevo producto, el área de café se convirtió en el lugar sagrado para las quejas de los compañeros.

—Esta presentación fue una paliza total por parte de Código Quetzal. ¿De qué sirve tener un doctorado? Puro título, pero su capacidad es menor que la de Bianca, que solo tiene licenciatura.

—Exacto. Y no les parece raro... La tipa esa tiene doctorado, pero en las juntas casi nunca opina nada serio; en cambio, su representante sí que sabe un par de cosas.

—¿Vieron las noticias recientes? Un doctorado patito que seguramente compró en el extranjero... Ustedes dirán...

Se miraron entre ellos, entendiéndose al instante.

El área de café se quedó en silencio de golpe.

Alguien se asustó y se tapó la boca.

—No manches, ¿en serio?

—¿Por qué no? Los ricos tienen mil trucos, esas cosas pasan a cada rato.

Tras cuestionar los títulos académicos, se pusieron a chismear sobre la vida amorosa del jefe.

—Oigan, por cierto, ¿saben qué? Cuando Lorena se fue, le dijo a los de su departamento que el director Zúñiga y Bianca eran prácticamente prometidos, pero llegó aquella y se metió en medio para separarlos.

—¡No manches! ¡Qué fuerte! ¿Es neta?

—Segurísimo, varios empleados viejos pueden confirmarlo. Ay, yo antes decía que el director Zúñiga era un buen hombre, decente y que no andaba de loco, pero veo que estaba ciega.

—Entonces, si es así, ni la tal Sáez ni el tal Zúñiga son buena gente. ¡Par de escorias!

La que insultaba era Sandra; desde que Bianca renunció, ella no soportaba a Alexis ni a Florencia.

Ahora, al escuchar esas cochinadas, estalló en insultos del coraje.

Pero de repente, el aire se congeló por un instante.

Sandra miró a todos, confundida.

—¿Qué pasa? ¿Por qué se quedaron callados?

Todos forzaron una sonrisa más fea que un llanto y asintieron hacia atrás de ella.

—¡Director Zúñiga, señorita Florencia, buenas tardes!

Alexis tenía la cara descompuesta de la ira y los miraba con ojos sombríos. Llamó a Recursos Humanos por teléfono.

El de RH, que no se atrevía a decir nada, solo maldecía por dentro: *¡Maldita sea, si no fuera por este par de locos, no tendría que estar contratando gente todo el día!*

Pero mantuvo la calma en su rostro y le explicó a Alexis:

—Estos empleados renunciaron voluntariamente, dijeron que tenían asuntos familiares. Intentamos retenerlos, pero estaban decididos a irse.

—Además, nos enteramos de que estos empleados que renunciaron entraron recientemente a Código Quetzal.

Alexis frunció el ceño profundamente.

—¿Entraron a Código Quetzal?

El de RH asintió apresuradamente.

—Sí, tras la presentación del producto, los pedidos de Código Quetzal se dispararon y están contratando por falta de personal. Muchos de los que se fueron de aquí entraron allá.

Al ver que la cara del jefe se ponía cada vez más negra, el de RH bajó la voz de inmediato.

Por dentro pensaba que, si no fuera porque el departamento de Recursos Humanos de Código Quetzal ya estaba lleno, él también habría agarrado sus cosas y se habría ido.

La mano de Alexis apretaba la pluma con fuerza, sus nudillos se pusieron blancos por la presión.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival