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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 24

El muchacho franco abrió la plataforma de código ahí mismo, donde se podía ver el código de los tres.

Estos días había estado corriendo con el proyecto y no tuvo tiempo de revisar la calidad del código que Bianca subía.

Pero al verlo se llevó un susto.

¡La calidad del código de Bianca era altísima!

No solo era limpio, sino que la lógica era brutal; no era amontonar líneas a lo tonto, se notaba que todo estaba pensado.

Había partes que ellos dos tenían que analizar un buen rato para entender.

Los dos compañeros no lo podían creer y se quedaron pasmados.

¡No manches, es una experta nivel Dios que se metió a la zona de novatos!

El muchacho levantó la mano:

—Señorita Bianca, ¿usted era programadora antes?

Bianca negó con la cabeza:

—No exactamente, pero estudié Ingeniería Financiera en la universidad, y esa carrera exige mucho en computación.

—Ah, ya sé, esa carrera es difícil de entrar. Señorita Bianca, ¿de qué universidad es?

—Universidad Nacional de San Lorenzo.

—¡Caray! ¡Es la de Ingeniería Financiera de la San Lorenzo! ¡La que está al nivel de la Panamericana del Caribe y es la número uno de Ciudad Ámbar! ¡Casi nadie entra ahí!

El muchacho la miró con ojos de admiración total:

—Con razón es director general tan joven, señorita Bianca, ¡es usted una pistola!

—Para nada, pura suerte —Bianca sonrió.

No era modestia, realmente sentía que tuvo suerte.

Si no hubiera emprendido con Alexis al principio, no habría tocado el trabajo de expansión de mercado y no podría ver el trabajo desde una perspectiva global, ni estaría donde está hoy.

No hay mal que por bien no venga.

Viéndolo así, tenía que agradecerle a Alexis.

Con una jefa tan capaz, cuando tocó revisar el código de los dos muchachos, ellos querían que la tierra se los tragara de la vergüenza.

Porque su código era feo y largo.

Pero Bianca no los despreció, solo dijo:

—Mientras funcione está bien, en esta etapa no busco calidad, busco velocidad.

Por la tarde, tras terminar su propio trabajo y guiar a sus dos compañeros para resolver un «bug» grande, Bianca salió de trabajar.

Casualmente, se topó de nuevo con Mariano en el elevador.

Bianca notó que, siendo el responsable de «Grupo Fajardo», Mariano...

Salía bastante temprano.

Parecía que cada vez que se lo topaba a la salida, no eran ni las 8.

Las puertas del elevador se cerraron suavemente. Mariano, al ver que ella lo miraba, arqueó una ceja:

—¿Tienes licencia de conducir?

—¿Eh? —Bianca se quedó pasmada—. Sí tengo.

Mariano:

—Ok, enterado.

Una conversación que no tenía ni pies ni cabeza.

Bianca no le dio importancia, se despidió de Mariano con la mano y caminó directo hacia la estación de metro.

Al cerrarse la puerta del carro, Luis miró hacia el asiento trasero por el retrovisor.

—Director Fajardo, ¿a la mansión Fajardo?

El jefe solía vivir en su departamento y regresaba a la mansión cada fin de semana, era una costumbre inamovible.

—A los dormitorios de profesores de la Universidad Panamericana del Caribe —se escuchó una voz perezosa desde atrás.

Luis se quedó pasmado un instante, pero pronto se dio cuenta de a quién iba a ver el jefe.

Así que no preguntó más, encendió el carro y se dirigió hacia los dormitorios de la universidad.

Cuando Mariano entró, el profesor Nicolás estaba discutiendo con su esposa.

La esposa, con las manos en la cintura y alzando la voz, decía:

—Nicolás, ¿me quieres matar del coraje? La semana pasada te pregunté si todavía servía, me dijiste que no y por eso te lo guardé en el ático. ¡Ahora dices que lo necesitas y que te lo busque! ¿Sabes cuántas cosas hay en el ático? ¡A ese lugar solo subo una vez al año!

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