Mariano frunció el ceño. —¿No presumías de ser el mejor hacker del mundo? ¿Ni siquiera puedes resolver esto?
Del otro lado del teléfono se escuchó un grito estruendoso.
—¡Kevin! ¡En mi tierra tenemos un dicho que dice que no se matan moscas a cañonazos, ¿sabes?! ¡¿Me despertaste a las cuatro de la mañana de mi dulce sueño por esta pendejada?!
Mariano alejó el celular de su oído y, solo cuando terminaron los gritos, se sobo la oreja y sonrió.
—Me alegra que puedas resolverlo. Te enviaré los detalles a tu correo más tarde. Buenas noches.
Pero esa noche, para algunos, estaba destinada a no ser buena.
Dolores había estado inquieta todo el día. Aunque logró convencer a todos de no llamar a la policía, seguía con el alma en un hilo.
En ese momento, daba vueltas en la cama del dormitorio sin poder dormir.
Todo el código fuente y los datos que robó al hackear el servidor de la base seguían guardados.
Claro, no los tenía ella.
Como los registros del sistema en las computadoras de la base habían sido borrados, no le preocupaba que encontraran cabos sueltos.
Ese grupo de personas eran buenos escribiendo código, pero su conocimiento sobre hardware y seguridad informática estaba muy por debajo del de ella.
En su momento, el profesor la admitió precisamente por esa habilidad, diciendo que complementaría las debilidades del equipo.
Esta vez, solo tuvo que colaborar un poco con un grupo de hackers extranjeros para obtener fácilmente lo que quería.
Pero esas cosas eran una bomba de tiempo; cada día que las guardaba era un día más de peligro.
Pensando en esto, Dolores se bajó de la cama. Justo cuando iba a contactar al grupo de hackers para que borraran todo el código fuente y los datos, Florencia llamó.
Dolores tomó su celular y se escondió en el pasillo para contestar en voz baja. —Bueno, señorita Florencia.
Florencia fue directa al grano. —¿Dónde están el código fuente y los datos?
Dolores tragó saliva, todavía un poco preocupada. —¿De verdad es solo eso?
—Dolores, el director me dijo que le pareces muy buena, cuando te gradúes te dejarán trabajar en la universidad.
Dolores se dejó llevar por la repentina buena noticia y dejó de preocuparse. —¡Muchas gracias, señorita Florencia! Por supuesto que confío en usted.
Florencia curvó sus labios rojos. —Cuando esto termine, no nos volvamos a contactar. Recuerda borrar todo el historial de llamadas anterior.
Al colgar, Florencia borró todo rastro, como siempre hacía.
Detrás de ella, se abrió la puerta del reservado en el club Ritmo Salvaje.
Ese era el palco privado de Florencia, exclusivo para ella y sus reuniones discretas.
—Señorita Florencia... ¿qué hace aquí parada?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...