Adriana bufó indignada:
—¡Me hierve la sangre! ¿Cómo puede haber una mujer tan sinvergüenza? En un momento así y todavía te calumnia. ¡Ahhh!
Sin embargo, cambió de tono para consolar a Bianca:
—Pero tranquila, la familia Sáez no va a conseguir ningún abogado en Ciudad Ámbar.
Bianca frunció el ceño.
—¿Eh? ¿A qué te refieres?
Adriana respondió con tono triunfal:
—Mi hermano ya avisó a todos los bufetes importantes. Tienen prohibido tomar el caso de los Sáez. Quien lo acepte, se mete con Grupo Fajardo. Los despachos no son tontos: nadie se va a meter con Grupo Fajardo por defender a un Grupo Sáez que ni pinta.
Conque era eso.
Bianca sintió una calidez indescriptible en el pecho.
Últimamente, Mariano estaba siendo demasiado bueno con ella.
Suspiró suavemente.
—Dale las gracias al director Fajardo de mi parte.
Adriana puso los ojos en blanco, divertida.
—Díselo tú misma, al cabo que está aquí en la casa.
Se giró para mirar hacia el estudio. Cierto hombre fingía estar muy concentrado leyendo una revista, pero en realidad tenía la oreja parada escuchando su conversación.
«Uy, qué mustio», pensó ella.
Pero bueno, él le había hecho un favor enorme, así que sería grosero no agradecerle personalmente.
Tras pensarlo un poco, Bianca abrió el chat de Mariano en WhatsApp:
[Director Fajardo, gracias por su ayuda.]
Mariano respondió casi al instante:
[No hay de qué. ¿Pero solo gracias de palabra?]
Bianca: [...... Entonces te invito a...]
Se le fue el dedo y envió el mensaje antes de escribir "comer".
Para su desgracia, Mariano respondió con total naturalidad:
Bianca, cansada, se masajeó las sienes, colgó la llamada y bloqueó su nuevo número.
Fue entonces cuando notó que le habían llegado varios mensajes de texto.
De su padre, Ramiro.
Todo eran reclamos, acusándola de denunciar a Florencia por maldad y de no tener corazón.
Bianca, con el rostro inexpresivo, aplicó el combo completo: borrar y bloquear.
Por fin, el mundo se quedó en silencio.
En la residencia Zúñiga.
Al ver que las llamadas fallaban una tras otra, el rostro de Alexis se tiñó de una leve furia.
—Alexis, ¿qué dijo? —preguntó Eloísa, acercándose apresuradamente.
Habían preguntado en todos los bufetes de Ciudad Ámbar y ningún abogado se atrevía a tomar el caso de su hija.
Eloísa comprendió de inmediato que había una mano negra operando detrás, ¡atacando deliberadamente a su hija!
Sin salida, había acudido a los Zúñiga para planear una estrategia con Alexis y su madre, aprovechando que Jonás Zúñiga no estaba en casa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...