—Si todavía no lo superas y tienes coraje, ¡desquítate conmigo!
Para ser honesto, al ver a Bianca atacar a Florencia, Alexis sintió una extraña satisfacción en el fondo.
Odiaba la indiferencia y la calma en el rostro de Bianca.
Solo cuando ella le respondía, aunque fuera para insultarlo, podía sentir que a ella todavía le importaba.
Si Bianca realmente tenía rabia, no le importaba seguirle el juego.
A veces, el cinismo es tal que uno no puede evitar reírse.
Ante las acusaciones sin fundamento, Bianca no se enojó; al contrario, sonrió y observó el espectáculo en silencio.
Cuando terminaron de hablar, arqueó una ceja.
—¿Ya acabaron?
Su mirada clara se posó en Florencia, y una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
—Florencia, no quería perder el tiempo contigo, pero tú insistes en provocarme una y otra vez. Siendo así, ya veremos quién ríe al último.
—Exacto, la verdad siempre sale a la luz —bufó Adriana.
Norma estaba que echaba humo.
—Florencia ya te la dejó pasar y todavía te atreves a amenazar. ¡Mira nada más qué infulas!
Quería seguir insultando, pero Florencia la interrumpió a tiempo, consolándola con delicadeza:
—Señora, no se haga mala sangre por gente que no vale la pena.
—¡Ay, Florencia, eres un ángel! —exclamó Norma de nuevo, agradeciendo al cielo que su hijo se fuera a casar con ella.
Florencia sonrió:
—Señora, debe estar cansada, la acompaño al auto.
En la entrada de la delegación, las dos familias se separaron.
Florencia se volvió hacia Bianca, curvó los labios y le dedicó una sonrisa de triunfo.
Bianca apretó los puños que tenía a los costados.
Una vez en el coche, la sonrisa de Florencia desapareció de golpe.
En el asiento trasero, Eloísa preguntó preocupada:
—¿Cómo estuviste estos días en los separos? ¿Te trataron mal?
Florencia negó con la cabeza.
Al llegar a casa, Florencia fue directo al estudio y llamó a Jaime López.
La voz perezosa de Jaime sonó al otro lado:
—¿Bueno? ¿Qué pasa? Es lunes y ninguno de los dos está en la oficina, ¿se fueron de luna de miel?
Florencia se molestó, pero ya estaba acostumbrada a su lengua viperina, así que lo ignoró.
Tapó el micrófono y susurró:
—¿Dónde están el código y los datos que te di la última vez? Guárdalos tú, no solicites la patente por ahora.
Jaime, con las piernas sobre el escritorio y actitud despreocupada, contestó:
—¿Qué? ¿Acaso te los robaste y ya te cayó la dueña?
—¡Cállate! —siseó Florencia entre dientes—. ¡Qué robados ni que nada! Deja de decir estupideces. Haz lo que te digo y punto.
—Vale, enterado.
Al colgar, Jaime activó la grabadora de su celular.
La conversación anterior se reprodujo claramente.
Esbozó una sonrisa silenciosa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...