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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 309

—Si todavía no lo superas y tienes coraje, ¡desquítate conmigo!

Para ser honesto, al ver a Bianca atacar a Florencia, Alexis sintió una extraña satisfacción en el fondo.

Odiaba la indiferencia y la calma en el rostro de Bianca.

Solo cuando ella le respondía, aunque fuera para insultarlo, podía sentir que a ella todavía le importaba.

Si Bianca realmente tenía rabia, no le importaba seguirle el juego.

A veces, el cinismo es tal que uno no puede evitar reírse.

Ante las acusaciones sin fundamento, Bianca no se enojó; al contrario, sonrió y observó el espectáculo en silencio.

Cuando terminaron de hablar, arqueó una ceja.

—¿Ya acabaron?

Su mirada clara se posó en Florencia, y una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.

—Florencia, no quería perder el tiempo contigo, pero tú insistes en provocarme una y otra vez. Siendo así, ya veremos quién ríe al último.

—Exacto, la verdad siempre sale a la luz —bufó Adriana.

Norma estaba que echaba humo.

—Florencia ya te la dejó pasar y todavía te atreves a amenazar. ¡Mira nada más qué infulas!

Quería seguir insultando, pero Florencia la interrumpió a tiempo, consolándola con delicadeza:

—Señora, no se haga mala sangre por gente que no vale la pena.

—¡Ay, Florencia, eres un ángel! —exclamó Norma de nuevo, agradeciendo al cielo que su hijo se fuera a casar con ella.

Florencia sonrió:

—Señora, debe estar cansada, la acompaño al auto.

En la entrada de la delegación, las dos familias se separaron.

Florencia se volvió hacia Bianca, curvó los labios y le dedicó una sonrisa de triunfo.

Bianca apretó los puños que tenía a los costados.

Una vez en el coche, la sonrisa de Florencia desapareció de golpe.

En el asiento trasero, Eloísa preguntó preocupada:

—¿Cómo estuviste estos días en los separos? ¿Te trataron mal?

Florencia negó con la cabeza.

Al llegar a casa, Florencia fue directo al estudio y llamó a Jaime López.

La voz perezosa de Jaime sonó al otro lado:

—¿Bueno? ¿Qué pasa? Es lunes y ninguno de los dos está en la oficina, ¿se fueron de luna de miel?

Florencia se molestó, pero ya estaba acostumbrada a su lengua viperina, así que lo ignoró.

Tapó el micrófono y susurró:

—¿Dónde están el código y los datos que te di la última vez? Guárdalos tú, no solicites la patente por ahora.

Jaime, con las piernas sobre el escritorio y actitud despreocupada, contestó:

—¿Qué? ¿Acaso te los robaste y ya te cayó la dueña?

—¡Cállate! —siseó Florencia entre dientes—. ¡Qué robados ni que nada! Deja de decir estupideces. Haz lo que te digo y punto.

—Vale, enterado.

Al colgar, Jaime activó la grabadora de su celular.

La conversación anterior se reprodujo claramente.

Esbozó una sonrisa silenciosa.

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