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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 321

—Ramiro Pascual, escúchame bien: una cosa es engendrar y otra muy distinta es criar. Fallaste como padre y fallaste como hombre al abandonar a tu esposa e hija.

Bianca lo miró con frialdad.

—En los veintitrés años que llevas divorciado de mi madre, faltaste a todas mis juntas escolares, no estuviste en ninguna de mis fiebres y te importó poco si teníamos para la colegiatura. ¿Y ahora quieres usar la palabra «papá» para presionarme? ¿Quieres que me sienta culpable? ¡Ni lo sueñes! Legalmente, le debes a mi madre la pensión alimenticia, con intereses y sin que falte un centavo. Moralmente me debes veintitrés años de paternidad: una deuda que no se paga con nada. No me hables de modales; aprende primero a ser responsable. Paga lo que debes y luego atrévete a pararte frente a mí a hablar de ser «padre». De lo contrario, no mereces ni el apellido Pascual; solo sirves como ejemplo de lo que un hombre no debe ser.

Ramiro se puso rojo de la vergüenza. No esperaba que Bianca Guzmán lo regañara de esa manera frente a extraños.

—Tú...

Bianca se acomodó el cabello y soltó una risa gélida.

—Hice cuentas. La pensión de todos estos años se va a varios millones, pero hoy te la voy a dejar en una sola cifra: deposítale cinco millones de pesos a mi mamá.

Ramiro se quedó estupefacto. ¿Cinco millones?

No tenía ni un centavo en la bolsa, ¡cómo iba a sacar cinco millones para la pensión!

Llevaba años viviendo como un mantenido en la familia Sáez. Eloísa Sáez, con la excusa de que «son una familia», le había fijado un sueldo anual simbólico de un peso.

Básicamente, Ramiro tenía que estirar la mano y pedirle dinero a Eloísa hasta para comprar una cajetilla de cigarros.

Florencia Sáez frunció el ceño, saliendo en defensa de Ramiro.

—Bianca, el señor Pascual es tu padre al fin y al cabo. ¡Es demasiado que le hables así!

—Perfecto, ¿entonces tú vas a pagar por él? —Bianca sonrió con sarcasmo, ladeando la cabeza para mirarla—. La señorita Florencia también es su hija, ¿no? Eres más sensata y educada que yo, así que seguro estarás dispuesta a pagar esa deuda por él, ¿verdad?

Florencia se atragantó con sus palabras.

Solo quería usar a Ramiro para provocar a Bianca, no tenía la menor intención de gastar un solo peso en él.

¡Y mucho menos cinco millones!

Florencia sonrió con suficiencia y jaló a Alexis fuera del elevador.

—Olvídalo, Bianca solo está confundida por ahora. Supongo que con el tiempo entenderá que la sangre llama y los lazos familiares no se pueden cortar tan fácil.

Jaime López se quedó un par de pasos atrás, observando el rostro de Bianca.

Sabiendo que ella, al igual que él, venía de una familia complicada, Jaime sintió una punzada en el pecho.

En el fondo se parecían mucho: sin el apoyo de una familia, solo podían depender de sí mismos para salir adelante.

Siempre sentía una inevitable compasión por ella.

Pero desde que Bianca descubrió su verdadera identidad, ya no le dedicaba ni una sonrisa.

Jaime suspiró, no dijo nada más y siguió a los demás.

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