Jaime negó con la cabeza, su voz sonaba áspera por el humo del cigarro.
—No es necesario. Filtra un poco de información, pero no dejes pruebas que nos comprometan.
—Entendido.
Al colgar el teléfono, los ojos oscuros de Jaime se perdieron en la penumbra de la habitación.
A sus enemigos, se los reservaba para acabar con ellos con sus propias manos.
***
Bianca y Adriana tomaron un taxi hacia el bar más famoso de la zona. El ambiente estaba encendido y, en poco tiempo, Adriana ya estaba bastante animada.
Sin querer, al levantar la vista, vio en un reservado a lo lejos a una chica siendo acorralada por un grupo de hombres que intentaban obligarla a beber.
La chica luchaba desesperadamente:
—¡No, suéltame!
El alboroto atraía algunas miradas, pero nadie se atrevía a intervenir.
Adriana sintió que se le subía la sangre a la cabeza.
—Dijo que no quiere beber, ¿qué no oyes? —Adriana llegó en un par de zancadas, le arrebató la botella al sujeto y tiró de la chica para sacarla de ahí.
Los hombres del reservado se quedaron atónitos.
Al ver el rostro de Adriana, a uno de ellos se le iluminaron los ojos.
—Un momento, ¿quién les dio permiso de irse? —El hombre soltó una risa obscena y estiró la mano para tocar la cara de Adriana—. Vaya, no esperaba que esta fuera más brava. Me gusta, ¡jajaja!
Bianca, al notar que su amiga no estaba a su lado, miró alrededor y vio que Adriana discutía con alguien. De inmediato corrió desde la pista de baile.
—¡Déjala! —gritó con frialdad, apartando de un manotazo la mano sucia del tipo y poniendo a Adriana detrás de ella.
Esto hizo que todo el reservado estallara en bulla.
—¡Uy, qué suerte tenemos hoy! ¡Las muñecas están una mejor que la otra!
—¡Y lo mejor es que vienen solitas, directo a la boca del lobo! ¡Vengan, hermosas, tómense una conmigo!
Al ver que eran muchos y todos hombres, estaba claro que un enfrentamiento directo no era lo más inteligente.
Bianca respiró hondo.
—Mi amiga está borracha, sentimos haberlos molestado. Ya nos vamos, sigan con lo suyo.
Cuando vio el rostro del hombre, se quedó helada.
Nico Correa.
Nico ya la había reconocido. Había venido de viaje de negocios y los clientes locales habían organizado esa fiesta para él. No esperaba toparse con Bianca en un lugar así.
Nico soltó una risa fría para sus adentros.
Qué mala suerte.
—¿Qué les pasa a ustedes? ¿Llaman belleza a esa ranchera? ¿Es que nunca han visto a una mujer en su vida? —Nico cruzó las piernas largas con gesto de total desprecio.
No entendía qué le veían. Bianca le parecía una naca, sin chiste, sin estilo y sin nada que llamara la atención. ¿Qué tenía de especial para que Norberto perdiera la cabeza por ella y traicionara su amistad?
Los otros, al escuchar eso, se alegraron. Si al director Nico no le gustaba, mejor para ellos.
—Director Nico, entonces no le quitamos su tiempo. Mis amigos y yo nos adelantamos con ellas.
Y volvieron a intentar arrastrar a Bianca y a Adriana.
Al ver que Nico no tenía la mínima intención de ayudar, Adriana estalló:
—¡Suéltame, pendejo! ¿Sabes quién soy?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...