—¿Crees que... deberíamos avisarle a Verónica?
Bianca se quedó un momento pensativa.
—Me bloqueó y borró mi contacto hace tiempo. Aunque quisiera avisarle, no tengo cómo.
Además, recordando la arrogancia con la que Verónica se había comportado la última vez, probablemente ni siquiera escucharía su advertencia.
Al final, si ella había llegado a ese punto, seguramente ya había calculado las consecuencias. Bianca no quería meterse en problemas ajenos.
—Bueno, vamos a descansar. Y por favor, no seas tan impulsiva la próxima vez —le dijo Bianca, dándole una palmada en el hombro.
—¡Sí, sí! Ya aprendí la lección, lo prometo —respondió Adriana.
La luna brillaba en lo alto. Mientras unas dormían profundamente, otros daban vueltas en la cama.
Nico tomó un vuelo directo a Ciudad Ámbar esa misma noche. Apenas aterrizó, llamó a Florencia.
—Bueno... Florencia, ¿sabes dónde está Verónica? No la vi en la última integración de la empresa.
Florencia, despertada de golpe, casi le suelta una grosería.
Con tono impaciente, respondió:
—Renunció antes de la integración, dijo que no se sentía bien. ¿La buscas por algo?
Nico soltó una risa sarcástica.
—Nada, perdón por despertarte.
Estaba a punto de colgar cuando Florencia lo llamó por su nombre.
Bostezando, le dijo:
—Nico, por más necesitado que estés, te ruego que abras los ojos. No te acuestes con cualquiera, Verónica está más que quemada, ¿ok?
—Lo sé. Vuelve a dormir. Tú y Alexis han estado muy ocupados con el compromiso, pero cuando terminen, hay que reunirnos.
Afuera, la noche era cerrada. Las calles de madrugada estaban desiertas.
De pronto, Nico sintió nostalgia.
—Hace mucho que los cuatro no nos juntamos bien.
El chofer, al ver que guardaba el celular, preguntó:
—Jefe, ¿a casa o...?
—¡Cómo crees! Dijiste que estarías fuera un tiempo por trabajo, no esperaba que volvieras tan pronto.
—El proyecto va bien. Además, Alexis y Florencia ya casi se comprometen, vine a ver si necesitan ayuda.
Al mencionar el tema, Tamara sintió frustración.
—Mira a tus amigos: noviazgo, boda, todo rápido. Mírate tú. Te he organizado tantas citas y no te gusta ninguna.
Pensar en eso le daba coraje.
Verónica se la pasaba haciendo berrinches, exigiendo comida y tratos de reina, ¿y para qué la aguantaba? Solo porque tenía miedo de que su hijo perdiera el tiempo en las citas, pero resultó que después de tanto tiempo, ¡Nico no había elegido a nadie!
¡Estaba a punto de infartarse del coraje!
En realidad, había algo más.
Tamara tenía un plan egoísta.
Si su hijo decidía seguir de picaflor toda la vida y no casarse, tal vez no sería mala idea quedarse con el hijo de Verónica. Al final, era sangre de la familia Correa.
Podría decir que era un niño adoptado. Así, si Nico nunca se casaba, al menos tendrían descendencia.
Por eso su actitud hacia Verónica era tan ambivalente; quería una cosa y la otra, y no se decidía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...