Verónica se quedó en shock un momento, luego resopló internamente. La querían usar como incubadora.
La verdad es que últimamente lo había pensado mucho y cada vez veía más lejos la posibilidad de entrar en la familia Correa.
Si podía sacarles una buena lana, no estaba mal.
Pero veinte millones era poco.
Rodó los ojos y contraatacó:
—Treinta millones. Si me das treinta, acepto.
Tamara sintió que le iba a dar un infarto.
—¡Tú... eres insaciable! ¡Con qué cara pides treinta millones!
Veinte millones era todo el efectivo que Tamara podía mover sin que su esposo se diera cuenta. Para conseguir más tendría que vender activos, y eso alertaría a la familia.
Dada su posición inestable en la familia Correa, Tamara no podía arriesgarse.
—¡Veinte millones es lo máximo, ni un peso más! —dijo con firmeza.
Verónica no le creyó. En una negociación nadie suelta su última carta a la primera.
Esa vieja bruja siempre le había mentido, así que tenía que presionar.
Se acarició la panza y sonrió:
—Entonces no hay trato. Mejor vágase y regrese cuando lo haya pensado bien. Si seguimos discutiendo, su nieto se va a estresar.
Tamara estaba que echaba humo. Esa maldita quería chantajearla.
—Tú...
No pudo terminar la frase. La puerta se abrió de una patada con un estruendo.
Ambas voltearon de golpe.
Una figura masculina estaba parada en el umbral.
Tamara se quedó atónita unos segundos hasta que reaccionó.
—Ni... Nico, ¿qué haces aquí?
Verónica se puso pálida y por instinto se escondió detrás de Tamara.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...