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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 365

—¡¿Qué?! —Florencia saltó de la cama, incrédula—. ¡Repite eso!

Jaime alejó el teléfono y habló con parsimonia:

—Agustín y todo su equipo, a los que humillaste ayer, presentaron su renuncia. Además, gracias a tu discursito de anoche, gente de otros grupos de desarrollo y de entregas también se está yendo. Recursos Humanos acaba de hacer el recuento: cerca del sesenta por ciento del personal técnico se quiere ir.

—Directora Sáez, doctora Florencia... le sugiero que venga personalmente a limpiar este cochinero.

—¿Bueno? ¿Jaime? ¡¿Jaime?! —La llamada se cortó. Florencia, furiosa, estrelló el celular contra la cama.

¿Qué iba a hacer? Si se iba la mayoría de los ingenieros, ¿quién sacaría el proyecto de Capital Fiduciario Andino? Si no entregaban a tiempo, no cobrarían, y eso afectaría la salida a bolsa. Cuanto más se retrasara la salida a bolsa, más difícil sería para ella tomar el control de la empresa. Y si Alexis descubría que ella planeaba quedarse con todo, sería el fin.

Bajó las escaleras hecha un manojo de nervios y encontró a Eloísa interrogando a la empleada sobre dónde se había metido Ramiro tan temprano. Al ver la cara de su hija, Eloísa se olvidó de Ramiro.

—¿Qué pasa, Florencia? ¿Qué sucedió?

Florencia le soltó toda la verdad, casi llorando.

—Mamá, ¿qué hago ahora?

Si hubiera sabido esto, anoche se habría mordido la lengua en lugar de pelear con ese tal Agustín. Pero ya era tarde para arrepentirse, y su orgullo le impedía disculparse con unos subordinados.

Eloísa frunció el ceño, pero mantuvo la calma.

—No te preocupes, hay solución. Esa gente no se quiere ir de verdad; seguro solo quiere meterte presión para que cedas. Si te doblas ahora, te van a tener agarrada del cuello para siempre.

Florencia vio la luz.

—¡Claro! Tienes razón, no hice nada malo.

—Si quieren irse, que se vayan —sentenció Eloísa—. Ya contratarás a otros. Hay gente de sobra buscando trabajo; con dinero baila el perro.

Florencia se sintió mucho mejor. Cuando llegó a la oficina, ya había recuperado su aire de superioridad.

Con cara de sufrimiento, el gerente insistió:

—No creo que sea buena idea. En el último año ya hemos tenido mucha rotación; después de la última integración se fueron varios. La mitad de la plantilla actual tiene menos de un año. Los que están renunciando ahora son los veteranos, la columna vertebral de la empresa.

Florencia lo miró con desdén.

—¿Y? ¿A dónde quieres llegar?

El de RH, desesperado, tuvo que ser directo:

—Señorita Florencia, si se van los veteranos, la empresa queda en una posición crítica. Sin expertos y con puros novatos, ¿cómo garantizamos la calidad? ¿Quién va a resolver los problemas técnicos?

Al ver que a ella no le importaba, añadió casi a gritos:

—Este sector no es como otros. La curva de aprendizaje es larga. Un nuevo ingreso tarda al menos tres meses en ser productivo. Si se van los viejos, ¿quién va a sacar el trabajo durante ese tiempo?

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