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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 371

Bianca se quedó sin palabras.

Bianca sabía que cambiarle la idea a su mamá no sería fácil; no podía forzar las cosas, tenía que llevarlo con calma.

Además, ella y Mariano acababan de empezar. Apenas estaban empezando, así que nadie sabía qué iba a pasar más adelante.

—Entendido, mamá. Descansa —dijo Bianca, levantándose para ir a su habitación.

Selena miró a su hija y suspiró de nuevo, pero en su mente ya estaba repasando qué jóvenes de la colonia seguían solteros.

Si no le gustaba Norberto, no importaba; podía organizar otras citas a ciegas.

Ya bañada y en la cama, Bianca tomó su celular y, como de costumbre, se puso a ver noticias antes de dormir.

De pronto vio un mensaje de Mariano: [Ya llegué a casa. Buenas noches, novia mía].

A Bianca se le aceleró el corazón y se le dibujó una sonrisa. Le envió un sticker de buenas noches a su novio.

El hombre al otro lado parecía estar pegado al celular, porque respondió al instante: [Descansa. No es necesario que respondas a este mensaje, duerme bien].

Bianca se quedó con el celular entre las manos, sonriendo sola, y se distrajo un rato más antes de dejarlo y dormirse.

Sin embargo, no logró descansar bien.

Su corazón latía con fuerza y no fue hasta la madrugada que sus párpados se sintieron pesados y cayó en un sueño profundo.

Cuando despertó, ya eran las diez de la mañana del día siguiente.

Bianca se sentía fresca y renovada. Se estiró, se levantó y fue a asearse.

Al salir a la sala, no vio a su madre por ningún lado.

—¿Mamá? —Empujó la puerta de la cocina, pero Selena no estaba.

Fue a la recámara a buscarla, pero tampoco hubo suerte.

«Seguro fue al mercado», pensó.

Bianca no le dio importancia. Fue al refrigerador, sacó un paquete de pasta congelada y se preparó un desayuno rápido.

Después de comer y lavar los platos, notó que Selena aún no regresaba.

Fue entonces cuando sintió que algo andaba mal. ¿Por qué tardaba tanto?

Corrió a la recámara por su celular para llamarla.

El teléfono sonó y sonó, pero nadie contestó.

A Bianca se le fue el corazón al suelo.

Parecía que no tenía opción: tendría que ir a la fiesta de compromiso de ese par de miserables.

Pero, ¿dónde era la ceremonia?

Había tirado a la basura la invitación que Florencia le dio hace tiempo. No tenía idea de la dirección.

«Cierto, la familia Fajardo también va a ir hoy».

Al pensar en eso, marcó de inmediato el número de Mariano.

Él contestó al primer tono, con voz alegre:

—Bianca.

—Mmm —respondió ella. Escuchar la voz del hombre calmó su ansiedad al instante. Sentía que, con él, no había nada que temer—, ¿tú y Adriana van a ir hoy al compromiso de Florencia y Alexis?

—Sí.

—¿Podrías decirme la dirección?

Hubo un silencio breve al otro lado antes de que él respondiera con voz grave:

—Claro, te la mando al celular.

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