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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 389

Hablando de eso, Eloísa hizo una mueca de desaprobación:

—¡Por Dios, hija! ¿Por qué no te pudiste aguantar? Faltan pocos días para el compromiso... ¡Ay, de veras!

Florencia se recargó en el asiento y miró a su madre de reojo.

—No me culpes, mamá. ¿Acaso tú te aguantaste con ese nuevo asistente que contrataste? Las mujeres tenemos necesidades, tú me entiendes. Además, ¡todo es culpa del inútil de Alexis! Si él diera el ancho como hombre, ¿crees que buscaría a otro?

Eloísa se sobresaltó. ¿Cómo sabía su hija lo de ella y el nuevo asistente de la oficina...? Bueno, ya, eso no importaba. Lo importante era controlar el chisme actual.

Florencia asintió.

—Ya sé, ya sé.

Luego le ordenó al chofer que se detuviera más adelante.

Al bajar, Florencia se puso unas gafas oscuras enormes y un sombrero, y se dirigió directo al Ritmo Salvaje.

Guillermo estaba en el vestíbulo y, al ver entrar a Florencia hecha una furia, le mandó un mensaje a Jaime de inmediato. Luego corrió hacia ella para recibirla.

—Señorita Florencia, ¿qué hace aquí tan temprano? Escuché que hoy es su fiesta de compromiso.

Florencia levantó la mano y le soltó una bofetada.

—¡Llévame con tu jefe!

Guillermo, que ya se lo esperaba, puso cara de víctima:

—Sí, sí, por favor cálmese. ¡Ahorita mismo la llevo!

En la oficina de la gerencia, el gerente Serrano se deshizo en atenciones exageradas.

—Señorita Florencia, ¡qué milagro! ¿Qué la trae por acá? ¡Tome asiento, por favor!

Florencia no se sentó; en cambio, les restregó las fotos en la cara a Serrano y a Guillermo.

—¿Esta es la «confidencialidad absoluta» que promete el *Ritmo Salvaje*? ¿Cómo chingados se filtraron estas fotos?

Serrano y Guillermo se miraron entre sí y comenzaron su actuación... digo, sus explicaciones.

—Señorita Florencia, por el ángulo de la toma, definitivamente no es una cámara oculta de la habitación. Parece más bien... una foto tomada con celular.

—¿Con celular? ¿Insinúas que lo hizo uno de tus empleados y que el lugar no tiene nada que ver?

—Seguramente así fue. Pierda cuidado, señorita Florencia, le aseguro que le daré una respuesta. —Dicho esto, Serrano le ordenó a Guillermo—: Tráeme a Bruno.

Al verla con esa cara de pocos amigos, Serrano se frotó las manos.

—Señorita Florencia, si no confía en que nosotros lo resolvamos... ¿por qué no llama a la policía?

Florencia no podía arriesgarse a un escándalo policial, así que soltó un suspiro pesado.

—No es necesario. Solo encuentren a Bruno lo antes posible y entréguenmelo personalmente.

Antes de irse, le advirtió a Serrano:

—Si alguien pregunta, niega que estuve aquí. ¿Entendido?

Serrano asintió rápidamente:

—Sí, sí, claro que sí, señorita.

De vuelta en la mansión Sáez, Florencia se sentía agotada. Se desmaquilló, se metió a la cama y durmió de corrido hasta las ocho de la noche.

Al despertar, abrió sus redes sociales.

Ya había pasado mucho tiempo; seguramente ya habrían borrado todas las publicaciones.

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