Había escuchado hablar de Bianca por Florencia. Ella la describía como una cazafortunas insaciable, una mujer que seducía a los hombres para trepar socialmente. Claro que, conociendo la reputación de Florencia, sus palabras carecían de credibilidad, así que Esteban no les había dado importancia.
Pero ahora, empezaba a pensar que quizá Florencia no mentía del todo. Bianca era más astuta de lo que imaginaba.
Sin decir una palabra más, Esteban dio media vuelta y bajó las escaleras.
Elsa, incrédula, pataleó y corrió tras él, parloteando sin cesar.
—Director Fajardo, ¿cómo es que se va sin hacer nada? Debería despedir a esa gente desobediente, si no, se le subirán a las barbas y le harán la vida imposible.
Esteban se hurgó la oreja con fastidio y miró a Elsa de reojo. ¿Cómo era posible que alguien tan inteligente como Camila tuviera una prima tan obtusa?
—Necesito su ayuda temporalmente —dijo con voz grave—, de lo contrario, ¿quién me ayudará a familiarizarme con los proyectos?
En este regreso, Esteban había jurado lograr algo importante. Quería demostrarle a Camila que no era menos que su primo Mariano. Quería demostrar que él también merecía su amor.
Al llegar abajo, Elsa no entró a la oficina con Esteban. Se desvió hacia la salida de emergencia junto a los baños.
—Camila, esa mujer es tremenda. Ni siquiera Esteban puede con ella.
Elsa llamó a Camila para ponerla al tanto.
Hubo una pausa al otro lado de la línea, seguida de una risa suave.
—¿Ah, sí? Eso significa que es muy capaz.
Elsa torció el gesto.
—¿Qué capaz ni qué nada? Pura fama inflada. Para mí que es una de esas que entran por palancas, seguro se acostó con alguien importante de la empresa.
Camila recordó de golpe la foto de Mariano y Bianca juntos. Se clavó las uñas en la palma de la mano, pero mantuvo la voz serena:
—Elsa, no hables así de ella. Vi en internet que ganó un premio, y fue... fue Mariano quien le entregó el trofeo.
—No es broma. Recuerdo lo dulces que eran cuando andaban de novios. Él se puso en contra de toda la familia Fajardo solo por ti. Te tenía en un pedestal.
Al evocar el pasado, una sonrisa se dibujó en los labios de Camila. Se dejó llevar por la nostalgia.
«Es verdad. En el corazón de Mariano solo existo yo. Si no ha tenido pareja en todos estos años, es porque no puede olvidarme. En cuanto regrese, todo volverá a ser como antes».
—Por cierto —preguntó Elsa—, ¿cuándo vuelves?
—Ya estoy tramitando todo. Será muy pronto.
Elsa casi saltó de emoción.
—¡Qué maravilla! Cuando llegues, ¡yo invito la cena!
Al colgar, los ojos de Elsa brillaron con cálculo y ambición. Si lograba congraciarse con Camila, su futuro estaba asegurado. Ya fuera que Camila se casara con Mariano o con Esteban, se convertiría en la señora de la casa Fajardo, y ella sería la prima de la señora Fajardo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...