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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 431

La actitud de Adriana hacia él se había vuelto visiblemente fría, y Hugo quería saber la razón.

Sin embargo, ella se detuvo en seco y lo miró con indiferencia.

—De pronto se me quitaron las ganas de caminar.

Dicho esto, se dio la vuelta para irse, pero Hugo la detuvo sujetándola por la muñeca.

Sintió una opresión en el pecho, y la miró con dolor.

—Adriana, ¿qué hice mal? ¿Por qué me tratas así de la nada?

El tono de ella se volvió más frío.

—Tú sabes bien por qué.

—No, no lo sé —respondió él, desconcertado—. Dímelo. Si hice algo mal, lo corregiré.

En ese momento, su celular comenzó a sonar en el bolsillo. Hugo intentó ignorarlo, pero la insistencia era tal que no tuvo opción. Apenas aflojó el agarre para sacarlo, Adriana aprovechó para alejarse a paso veloz.

Hugo miró la pantalla; era su madre.

—Hugo, hijo, tu papá y tu hermano van a venir a cenar hoy. Vente tú también. Hace mucho que no comemos los cuatro como una familia normal.

Hugo murmuró una respuesta afirmativa, pero su mirada seguía clavada en la espalda de Adriana, que se alejaba.

Justo cuando iba a colgar, su madre, Alejandra, preguntó de repente:

—¿Cómo está Adriana últimamente? ¿No le afectó lo que pasó?

Hugo frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

Fue entonces cuando Alejandra le contó sobre la conversación que había tenido con Adriana días atrás.

—Ay, hijo, yo quiero a Adriana como si fuera mi propia hija, de verdad no quiero verla sufrir.

Hugo sintió cómo se le helaba la sangre. Apretó el celular con fuerza y preguntó con voz grave:

—¿Fue idea de mi papá o de Simón?

Alejandra notó el cambio en su tono, pero asumió que era solo su instinto protector de hermano.

—De tu papá, pero Simón tampoco se opuso.

Hugo soltó una risa fría.

—¿A dónde vas con tanta prisa?

—A ningún lado —respondió Hugo bajando la mirada.

Sin decir más, bajó las escaleras a zancadas.

Antes de salir, Hugo fulminó a Simón con la mirada, y Simón arqueó una ceja, desconcertado.

Gonzalo suspiró.

—Este muchacho... no sé en qué pierde el tiempo todo el día. Tanto correr para seguir siendo un simple ingeniero. No sé de qué nos va a servir en el futuro.

Simón sonrió levemente.

—Si es lo que le gusta, déjalo. Para la empresa familiar ya estoy yo; como hermano mayor es natural que asuma más responsabilidad.

Gonzalo le dio una palmada en el hombro a su primogénito.

—Te has esforzado mucho estos años.

—Es mi deber como hijo.

—Sobre la alianza con la familia Fajardo, haré todo lo posible por conseguirla. Es algo que beneficia a ambas familias. No me daré por vencido fácilmente.

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