Su mente quedó en blanco por varios segundos antes de poder articular palabra:
—¿Qué dijiste?
Hugo acercó una silla y se sentó frente a ella.
—Conozco a mi papá y a mi hermano. No paran hasta conseguir lo que quieren. Aunque los rechazaste la otra vez, no se van a rendir. Seguirán buscando la oportunidad, ya sea presionando a tu mamá o hablando directamente con el señor Fajardo para arreglar el matrimonio. Tu mamá siempre pondrá tu felicidad primero, pero tu papá... de él no estoy tan seguro.
Recientemente, debido al regreso de Esteban y las fricciones entre la rama principal de los Fajardo y el abuelo, Hugo sabía que el ambiente estaba tenso. No podía garantizar que el señor Fajardo no perdiera el juicio y aceptara un matrimonio arreglado por conveniencia.
Hugo apretó los labios.
—Por eso, casarnos es la mejor solución.
Adriana tenía la cabeza hecha un lío. Por un lado, lo que decía Hugo tenía lógica; por el otro, le parecía una locura total.
Le gustaba Hugo, sí, ¿pero casarse así, sin siquiera haber sido novios?
¡Era demasiado!
Se agarró la cabeza, confundida.
—¡Déjame... déjame pensarlo!
Hugo se levantó, se puso en cuclillas frente a ella y la miró con una intensidad abrumadora.
—Está bien, no hay prisa. Piénsalo con calma. Cuando te decidas, búscame a la hora que sea.
Poco después, cerró la puerta con cuidado y bajó las escaleras.
Justo en ese momento, la empleada salía con el postre.
—Ven, Hugo, prueba un poco —le ofreció Valeria.
Hugo asintió con cortesía.
—Gracias, señora, pero ya me voy, no quiero molestar su descanso.
Valeria se quedó mirando su espalda mientras él salía apresurado, desconcertada.
«Este muchacho... ¿qué mosca le picó hoy?».
Alexis apretó los dientes. No necesitaba ser un genio para saber que era obra de Celeste.
Furioso, se dirigió al corporativo para buscar a su padre, Jonás Zúñiga.
La recepción confirmó la cita con el asistente del director y le permitieron subir. Alexis tomó el elevador directo al último piso.
Al llegar, antes de ver a su padre, se topó de frente con Celeste y Bianca.
Bianca se detuvo un instante.
Celeste, al verlo llegar con esa actitud agresiva, arqueó una ceja.
—¿Ya te curaste de la espalda? He tenido tanto trabajo que no pude ir a visitarte, espero que me disculpes, hermanito.
Alexis la miró con el rostro lívido al ver su hipocresía, tensando la mandíbula.
Sin embargo, al desviar la mirada, se encontró con los ojos de Bianca.
Ella lo miraba con una frialdad aún mayor que antes, como si estuviera viendo a un completo desconocido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...