muchos "incentivos" por debajo del agua al director Solís. Por eso se la llevó la policía.
Alexis primero se quedó en shock, y luego un sudor frío le recorrió la espalda.
¡Resulta que mientras él no estaba, Florencia hacía y deshacía a su antojo, cometiendo tantas atrocidades!
¡Esa mujer era terrible!
El gerente financiero vio su palidez y soltó otro suspiro involuntario.
—Director Zúñiga, sé que no me corresponde decirlo, pero sinceramente creo que usted eligió mal. La señorita Bianca era quien realmente lo quería bien. Una lástima, la verdad.
Alexis se recargó en el escritorio, cerrando los ojos con desesperación.
El tercero.
Era la tercera persona en poco tiempo que le decía que se había equivocado.
Pero Bianca ya tenía a alguien más a su lado.
Al recordar cómo aquel hombre ponía su mano en la cintura de Bianca con total derecho, le daban ganas de matarlo.
Alexis abrió los ojos, inyectados en sangre, y miró al gerente.
—No importa, voy a recuperar a Bianca. Ella todavía siente algo por mí, solo está confundida temporalmente.
Dicho esto, salió tambaleándose.
El gerente nunca había visto a Alexis tan patético. Negó con la cabeza y suspiró:
—Con razón terminaron. Aunque hayan estado juntos siete años, el director Zúñiga no entiende a la gente. Una persona tan racional como la señorita Bianca jamás volvería a tropezar con la misma piedra.
En la mansión Sáez.
Al enterarse de que su hija estaba en la cárcel, Eloísa Sáez casi se desmaya, pero el mayordomo la sostuvo a tiempo.
—Llama a Ramiro Pascual, tengo que ir a ver a Florencia ahorita mismo —dijo Eloísa temblando.
—Señora... el señor no ha vuelto a casa en dos semanas, ¿no lo sabía? —respondió el mayordomo.
Eloísa se quedó helada. ¿Ramiro llevaba dos semanas sin volver?
Recordó vagamente que, desde la fiesta de compromiso de su hija, Ramiro desaparecía cada dos o tres días.
—¡Pinche inútil! —masculló entre dientes—. ¡Nunca se puede contar con él cuando se necesita!
Fue a toda prisa a la delegación y, tras mover varias influencias, logró ver a su hija.
Florencia llevaba apenas medio día detenida, pero ya se veía demacrada.
Al ver a Eloísa, su mirada perdida recuperó algo de vida y gritó llorando:
—¡Mamá, mamá, sácame de aquí! Esto apesta, está sucio, ¡no quiero estar aquí!
Eloísa sintió un nudo en la garganta y las lágrimas rodaron por sus mejillas.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...