Esta mañana, al terminar las vacaciones, Adriana se fue primero a la oficina en su coche, mientras Hugo se quedaba lavando los platos antes de salir.
Cuando él llegó a su lugar de trabajo, no vio a Adriana por ningún lado.
Adriana estaba echando humo.
—¡Mi hermano me va a matar del coraje!
Le contó a Hugo toda la conversación que acababa de tener con Mariano.
Adriana continuó:
—¿Tú crees que mi hermano es un patán? ¡Y yo que me la pasaba recomendándolo! ¡Resulta que quedé como payaso! Me siento fatal, súper avergonzada, no tengo cara para ver a Bianca.
Hugo apretó los labios, pensó un momento y dijo:
—Siento que hay algo raro en todo esto.
Conocía a Mariano desde hacía casi treinta años. Según lo que sabía de él, su amigo jamás dejaría que un rumor creciera tanto sin control.
—Eso significa que no es un rumor. Se siente culpable —Adriana apretó los puños con mirada sombría.
Hugo sonrió con resignación:
—Le tienes muy poca fe a tu hermano. Incluso si el niño fuera realmente suyo, no dejaría que la noticia se esparciera así. Es demasiado inusual.
Adriana se calmó y empezó a analizarlo.
Bueno, sí era un poco extraño.
No, más que extraño, no era el estilo de su hermano en absoluto.
Ella se había dejado llevar por la preocupación de que Bianca sufriera, por eso al ver los comentarios en internet perdió la calma y corrió a confrontarlo.
Ahora, con la guía de Hugo, empezaba a ver las cosas con más claridad.
Adriana entrecerró los ojos.
—¿Será que mi hermano está planeando alguna jugada maestra?
—No lo sé, pero confío en Mariano. Él sabe lo que hace y lo que no. Si no está actuando como esperamos, debe tener sus razones.
Hugo le acarició la cabeza.
—En lugar de angustiarte por eso, mejor piensa qué quieres cenar hoy. Avísame cuando decidas y paso al súper saliendo del trabajo para cocinar.
En los días que llevaban viviendo juntos, salvo las primeras dos comidas que pidieron a domicilio, Hugo había sido el chef.
Adriana se sintió un poco apenada.
—Hoy cocino yo, tú tienes mucho trabajo.
Últimamente, el equipo estaba ocupado con las pruebas del modelo de IA y el concurso de tecnología de la ciudad. Como líder, Hugo tenía mucha presión, y Adriana no quería que además cargara con las tareas domésticas.
Hugo arqueó una ceja.
—Lo sé. Vi las fotos y leí los comentarios.
Adriana abrió los ojos como platos.
—¿Y qué piensas hacer?
Dudó un instante antes de añadir:
—No estarás pensando en terminar con mi hermano, ¿verdad? Admito que la forma en que él ha manejado esto ha sido muy imbécil, pero debe tener sus razones. No te rindas todavía, ¿sí?
Bianca soltó el tenedor y dijo con seriedad:
—Yo ya tengo experiencia previa en esto, así que no fuerzo los resultados en las relaciones.
—¿Qué quieres decir?
Bianca sonrió levemente.
—Quiero decir que dejaré que las cosas fluyan. Si podemos seguir, seguimos; si no, volvemos a ser jefe y empleada. Para eso acordamos el periodo de prueba desde el principio.
Al escuchar esto, a Adriana se le heló la sangre.
Ya valió. Los dos estaban más tranquilos que nada y ella era la única estresada.
El que se desespera es el que está de fuera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...