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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 510

—Ya la hice... de verdad ya la hice... ¡No tendré que esconderme nunca más! —Las manos toscas y oscuras de Héctor acariciaban los billetes con ternura. No pudo resistirse y sacó un fajo, pasando los dedos por el borde una y otra vez.

De repente, notó algo raro. Sacó el billete que estaba encima del fajo.

Lo que había debajo eran... simples recortes de periódico.

Héctor se quedó pasmado, como si le hubieran echado un balde de agua helada encima.

Rápidamente sacó otro fajo. ¡Era lo mismo! Solo el billete de arriba era real, el resto era papel recortado.

Al darse cuenta de que lo habían engañado, la furia estalló en Héctor. Su mirada se volvió tan feroz que parecía capaz de devorar a alguien.

—¡Maldita sea! ¡Te atreviste a burlarte de mí!

Camila no respondió. Simplemente permaneció de pie detrás de él. En su mano, sin que él lo hubiera notado, sostenía un pesado martillo de hierro.

—Hija de perr...

Antes de que pudiera terminar la frase, Héctor sintió un dolor agudo en la espalda, como si algo le hubiera destrozado la columna vertebral.

Todo se oscureció ante sus ojos. Perdió el equilibrio y se fue de bruces hacia adelante.

Abrió los ojos con horror. Frente a él estaba la fosa de la trituradora industrial, un agujero profundo y oscuro de más de diez metros. Caer ahí significaba una muerte segura.

—¡Ahhhh...!

El grito desgarrador resonó en la fábrica vacía y luego se cortó en seco.

Camila se quedó inmóvil, pálida y con la mirada vacía. En sus oídos solo retumbaba el sonido de su propia respiración agitada.

Bajó la vista hacia el martillo en su mano, como si acabara de darse cuenta de lo que había hecho. Lo soltó de golpe, tirándolo al suelo, y se dio la vuelta para correr.

Pero tras dar unos pasos, se detuvo y volvió.

Recogió el martillo y volvió a cerrar la maleta.

Respiró hondo, una y otra vez. Cuando regresó al auto, ya se había calmado.

Echó un último vistazo a la fábrica y, con las manos temblorosas, arrancó el coche y se marchó.

Poco después de que Camila se fuera, dos hombres altos y fornidos que habían estado escondidos en las sombras corrieron hacia la fábrica para inspeccionar.

—¿Y el hombre? Lo vimos entrar claramente —preguntó uno en voz baja.

El otro frunció el ceño, se acercó al borde de la fosa y se asomó. Su rostro cambió drásticamente.

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