Elsa abrió los ojos como platos.
—¿Cinco mil pesos? ¿Por qué no mejor me asaltas?
Bianca respondió tranquila:
—Bien, entonces pidamos los videos de seguridad y llamemos a la policía. Veamos cómo lo resuelven ellos.
En cuanto sacó su celular, Camila le hizo una seña a Elsa con la mirada.
Elsa dijo de mala gana:
—Está bien, pago y ya. No vale la pena llamar a la policía por una pequeñez así, a ustedes los «ejecutivos» les encanta desperdiciar recursos policiales.
Dicho esto, Elsa sacó su celular y le transfirió el dinero a Bianca con lentitud exasperante.
Bianca ni se molestó en responderle; tomó a Ximena y a Adriana del brazo y se marcharon.
Por su parte, Camila le agradeció a Elsa:
—Gracias, prima. Si no fuera por ti, no habría sabido qué hacer.
Elsa agitó la mano restándole importancia.
—Es lo que debía hacer, para eso somos primas.
Camila bajó la cabeza y le transfirió cincuenta mil pesos a Elsa. Descontando los cinco mil que debía reembolsarle, le sobraba bastante.
Luego le dijo a Elsa:
—Me acabo de acordar que tengo que hacer una llamada urgente. ¿Podrías llevar a Martín a dar una vuelta? Cómprense lo que quieran, si no te alcanza me avisas.
A Elsa le brillaron los ojos.
Sabía que ayudar a su prima traería recompensas.
Aunque luego pensó: su prima no trabaja, pero suelta cincuenta mil pesos como si nada.
Esteban realmente la trata muy bien.
Elsa sintió una punzada de envidia, pero al instante cargó a Martín alegremente.
—No hay problema, tú haz tu llamada, yo cuido a Martín.
Dos minutos después.
Camila fue al baño de mujeres y marcó el número de Esteban.
Cuando contestaron, no dijo nada, solo se puso a llorar desconsoladamente.
Esteban se angustió de inmediato.
—Camila, no llores. ¿Dónde estás? Voy por ti.
Al escuchar que iba a ir, Camila lo detuvo de inmediato, sollozando:
—No, no vengas. No es nada grave.
—Entonces dime qué pasó.
—Señora, entre a probarse la ropa tranquila, yo le cuido al niño.
Elsa se fue feliz al probador.
En ese momento, entraron más clientes a la tienda y la vendedora se apresuró a atenderlos.
Una pelota pequeña rodó hasta los pies de Martín.
Martín la recogió con curiosidad, mirando a todos lados. ¿De quién sería?
Un hombre desconocido se acercó a él.
—Hola, amiguito, esa pelota es mía. Gracias por recogerla.
—Oh —Martín le entregó la pelota obedientemente.
El hombre sonrió y le acarició la cabeza.
—Qué buen niño eres.
Dicho esto, se levantó y se marchó a paso rápido.
Martín frunció el ceño y se llevó la mano a la nuca.
Todavía sentía un dolorcito ahí.
Qué raro, ¿ese señor le había arrancado un pelo? ¿Por qué le dolió tanto?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...