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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 530

Con esto, toda la verdad salió por fin a la luz.

El oficial Márquez se llevó a Camila poco después.

Orlando, incapaz de soportar el repentino drama familiar, se desmayó. Solo volvió en sí después de que el médico de la familia lo atendiera.

Mariano lo consoló:

—No se enoje, abuelo, su salud es lo primero. Además, mírelo por el lado bueno: no perdió nada y ganó un bisnieto de la nada.

El anciano le lanzó una mirada fulminante.

—Pequeño sinvergüenza, ni siquiera me avisaste. Hiciste que yo quedara en ridículo frente a toda la alta sociedad de la ciudad.

Mariano se aclaró la garganta.

—Yo también terminé de atar cabos apenas hace un par de días.

—Ay —suspiró el abuelo con pesadez, su voz sonando más envejecida—, pero viéndolo bien, menos mal que eres desconfiado y precavido. Si no, me habría muerto sin saber la verdad. Por cierto, ¿cómo está Esteban?

Después de que se llevaran a Camila, Esteban no quedó en mejor estado que el abuelo. Parecía que le hubieran robado el alma; tenía la mirada perdida, no decía una palabra e incluso necesitaba ayuda para caminar.

—Samuel llamó al médico para que lo revisara —dijo Mariano—. Dice que sufrió un shock mental severo, una afasia temporal. Las empleadas llevaron a Martín con él para que le haga compañía; se recuperará en unos días.

Orlando asintió.

Al salir de la habitación del abuelo, Mariano se encontró con Hugo.

—¿El abuelo está bien?

—Sí, no es grave.

Caminaron juntos hacia la salida. Mariano se arregló los puños de la camisa y preguntó como quien no quiere la cosa:

—¿Ya se lo dijiste a Adriana?

Hugo se quedó helado y se rascó la cabeza.

—¿Cómo lo supiste?

Mariano sonrió.

—Porque eres un mandilón de manual.

Mariano sonrió.

—Había cien formas de resolverlo, pero elegiste la más radical. Pregúntate por qué decidiste casarte con Adriana.

A lo lejos, el sol de la tarde bañaba el perfil de Hugo con una luz anaranjada. Se quedó clavado en su sitio, observando en silencio cómo Mariano se alejaba en su coche.

Era verdad. Había mejores soluciones, así que, ¿por qué eligió casarse con ella?

***

Bianca salió de clases, guardó sus libros y caminó hacia la salida con la mochila al hombro.

Era el primer día de clases, así que el campus estaba lleno de gente y el tráfico era intenso. Le costó bastante encontrar una bici compartida disponible.

Justo cuando sacaba el celular para escanear el código, vio por el rabillo del ojo un coche de lujo que le resultaba familiar estacionado al otro lado de la calle.

El hombre, elegante y distinguido, estaba de pie junto al auto. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

Los ojos de Bianca se iluminaron al instante.

Él abrió los brazos y, al segundo siguiente, sintió el cuerpo suave de ella contra el suyo y ese aroma familiar llenó sus sentidos.

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