Con esto, toda la verdad salió por fin a la luz.
El oficial Márquez se llevó a Camila poco después.
Orlando, incapaz de soportar el repentino drama familiar, se desmayó. Solo volvió en sí después de que el médico de la familia lo atendiera.
Mariano lo consoló:
—No se enoje, abuelo, su salud es lo primero. Además, mírelo por el lado bueno: no perdió nada y ganó un bisnieto de la nada.
El anciano le lanzó una mirada fulminante.
—Pequeño sinvergüenza, ni siquiera me avisaste. Hiciste que yo quedara en ridículo frente a toda la alta sociedad de la ciudad.
Mariano se aclaró la garganta.
—Yo también terminé de atar cabos apenas hace un par de días.
—Ay —suspiró el abuelo con pesadez, su voz sonando más envejecida—, pero viéndolo bien, menos mal que eres desconfiado y precavido. Si no, me habría muerto sin saber la verdad. Por cierto, ¿cómo está Esteban?
Después de que se llevaran a Camila, Esteban no quedó en mejor estado que el abuelo. Parecía que le hubieran robado el alma; tenía la mirada perdida, no decía una palabra e incluso necesitaba ayuda para caminar.
—Samuel llamó al médico para que lo revisara —dijo Mariano—. Dice que sufrió un shock mental severo, una afasia temporal. Las empleadas llevaron a Martín con él para que le haga compañía; se recuperará en unos días.
Orlando asintió.
Al salir de la habitación del abuelo, Mariano se encontró con Hugo.
—¿El abuelo está bien?
—Sí, no es grave.
Caminaron juntos hacia la salida. Mariano se arregló los puños de la camisa y preguntó como quien no quiere la cosa:
—¿Ya se lo dijiste a Adriana?
Hugo se quedó helado y se rascó la cabeza.
—¿Cómo lo supiste?
Mariano sonrió.
—Porque eres un mandilón de manual.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...