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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 76

«Gracias».

No dijo nada más, solo esa palabra. Norberto debería entender a qué se refería.

Efectivamente, poco después, Norberto respondió: [De nada, no fue ninguna molestia].

Pero Bianca sentía que no debía aceptar favores sin mérito.

Como agradecimiento, escribió: [Si necesitas mi ayuda en algo, puedes contactarme cuando quieras].

Norberto: [Está bien].

Al apagar la pantalla del celular, Bianca suspiró para sus adentros.

Al final, le debía un favor a Norberto.

Bianca tenía una expresión seria, y Selena notó su malestar.

—¿Pasó algo? —preguntó su madre.

—Nada —sonrió Bianca.

Selena sintió que algo no andaba bien y se detuvo. Volvió a preguntar:

—¿Cómo van los preparativos para el compromiso? Siempre dices que no me preocupe, pero ya faltan pocos días y no veo ni a Alexis ni a su familia. No me da buena espina.

—Y Verónica, esa niña no sé qué tiene últimamente. Le mando mensajes para que venga a verme cuando tenga tiempo, pero siempre dice que está ocupada. ¡Ay!

Los resultados de la revisión de hoy fueron bastante buenos, y Bianca sintió que, como su madre no tenía problemas graves de salud, no había necesidad de seguir ocultando la verdad.

Así que, al subir al carro, Bianca no se apresuró a encender el motor.

Se giró para ayudar a su madre a abrocharse el cinturón de seguridad.

Luego dijo suavemente:

—Verónica ha estado muy ocupada últimamente; la ascendieron, así que naturalmente tiene más trabajo que antes. Luego le diré que venga a verte más seguido.

—En cuanto al compromiso... Mamá, terminé con Alexis. El compromiso se canceló.

Fue como un balde de agua fría.

Selena se quedó completamente atónita, tardando mucho en reaccionar.

Le temblaban los labios.

—¿De verdad?

—Sí, de verdad.

—¿Por qué? ¿La familia Zúñiga te desprecia por tu origen? Sabía que esa gente era así, ay...

Bianca también guardó silencio un momento.

—Mamá, no quiero desperdiciar la segunda mitad de mi vida en un hombre que no me ama. El dinero lo puedo ganar yo misma; la buena vida me la puedo dar yo sola.

Selena sabía que su hija era terca; una vez que tomaba una decisión, nadie podía hacerla cambiar de opinión.

Suspiró.

Tendría que cambiar de estrategia y abordar el asunto desde el lado de Alexis.

Tras otra noche entera de horas extra, Alexis condujo de regreso a su departamento.

Originalmente pensó que la renuncia de Bianca no afectaría a la empresa y que los proyectos seguirían su curso.

Pero no esperaba que ese grupo de responsables de proyecto, todos con títulos rimbombantes, fueran pura apariencia e inútiles a la hora de la verdad.

Tenían que pedirle su opinión hasta para la cosa más insignificante.

Alexis los miraba con frialdad, y ellos solo agachaban la cabeza y balbuceaban excusas: «Antes Bianca confirmaba estas cosas y nosotros seguíamos adelante. Ahora que se fue, nadie lo supervisa. La señorita Florencia está fuera todo el día y no la encontramos».

—No molesten a la señorita Florencia, su trabajo es más importante —decía Alexis mientras se masajeaba el entrecejo.

Así, su carga de trabajo aumentó drásticamente, obligándolo a trabajar hasta altas horas de la noche todos los días antes de poder irse a casa.

Los días anteriores incluso se había quedado a dormir en la oficina; esta noche, al no aguantar más, regresó al departamento.

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