El profesor Nicolás dio un manotazo en la mesa.
Sofía salió de la cocina secándose las manos.
—¿Qué les pasa a ustedes dos?
—Ejem, nada, se me cayó un libro —disimuló el profesor tosiendo.
En cuanto su esposa se dio la vuelta, el profesor volvió a mirar con ojos furiosos a su sobrino, que seguía desparramado en el sofá.
—¡Ni se te ocurra fijarte en mi alumna!
—Hace cinco años renunció a ser mi alumna por un hombre. Ahora que por fin se decidió a presentar el examen de nuevo, si te atreves a estropearlo, ¡no te la vas a acabar!
Mariano sonrió de lado:
—Según usted, ¿si es su alumna no puede tener novio? Qué lógica tan torcida.
El profesor Nicolás miró hacia la cocina donde estaba Bianca, se señaló la cabeza y dijo con frustración:
—Esa niña es muy sentimental, por decirlo bonito. Por decirlo feo, pierde la cabeza por amor. Así que mientras estudie, nada de novios.
Luego miró feo a su sobrino:
—¿Es verdad que tú...?
—No —Mariano se enderezó—. Estaba bromeando.
—¡Mocoso insolente! —rezongó el profesor.
Pero luego recordó el accidente de carro que tuvo su sobrino hace cinco años y pensó que quizá le había dejado algún trauma psicológico.
Seguramente no pensaba en noviazgos ni matrimonio a corto plazo.
El profesor tenía una mentalidad abierta, no como esa gente de la familia Fajardo que se la pasaba presionando. Él creía que casarse tarde o no casarse no tenía nada de malo.
La comida estuvo lista rápido.
Uno de los platillos lo hizo Bianca. Mariano lo probó y elogió:
—Está al nivel de mi tía.
El profesor Nicolás asintió:
—Sí que sabe bien.
Luego le preguntó a Bianca cómo iba con el repaso.
Bianca respondió sinceramente:
—Ya me puse al corriente con inglés y las materias de la carrera, pero en matemáticas me falta bastante. Por suerte, Sergio me ayuda con las dudas.
—Qué bueno. Si Sergio está ocupado y no puede ayudarte, pregúntale a Mariano, él tiene buenas bases de matemáticas.
—No planeo vender esa patente a ninguna empresa. Pienso usarla en los nuevos productos de Código Quetzal.
—¿Nuevos productos? —preguntó Mariano con curiosidad.
—Sí, hace poco reestructuré la hoja de ruta de productos para el próximo año. Iba a buscar un tiempo para revisarlo contigo. El producto principal usará el modelo automático de curva de tasas de interés. Tengo el presentimiento de que, cuando salga al mercado, atraerá a muchos clientes.
Mariano rio y bromeó:
—Entonces, dígame, señorita Bianca, ¿cuánto debo pagarle de regalías por la patente?
Bianca se sonrojó:
—Nada de regalías. Le doy a Código Quetzal el uso gratuito.
Mariano alzó una ceja:
—Eso no se puede. Negocios son negocios, no debe faltar ni un centavo de lo que corresponda.
De todos modos, eso sería hasta el próximo año. Bianca no quería discutir mucho ahora, así que dijo:
—El año que viene lo vemos.
Después de comer, Bianca se quedó platicando un buen rato en casa del profesor Nicolás antes de regresar a la biblioteca.
Al bajar, Mariano quiso llevarla en carro, pero Bianca se negó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...