—Mamá, ¿qué te pasó?
Samuel preguntó con preocupación.
Aunque Penélope tenía fama de ser demasiado dominante en su círculo y eso le había traído una mala reputación, normalmente cuidaba mucho las apariencias.
¿Por qué hoy se permitía verse tan destrozada?
Penélope levantó la mirada, perdida, hacia Samuel. El dolor había vaciado sus ojos; su cara no reflejaba ninguna otra emoción.
—¡La familia Loredo... perdió a su descendencia!
Samuel se quedó congelado. Al principio, la noticia lo dejó en shock, pero luego, como si al fin se hubiera quitado un peso de encima, suspiró aliviado.
En comparación con Penélope, Samuel se mostró mucho más sereno.
El doctor, creyendo que Samuel era el más sensato de los presentes, se acercó y explicó:
—Lo siento mucho, pero el bebé no sobrevivió. Ya venía sin vida desde el camino a la clínica. Lo bueno, dentro de todo, es que la madre está fuera de peligro. Si se cuida bien, todavía puede tener hijos más adelante.
Al escuchar al doctor, Samuel sintió que volvía a caer en una pesadilla. Negó con la cabeza, asustado.
—No, no quiero eso.
Empezó a mirar por todos lados, ansioso.
—¿Dónde está Marisa? ¡Quiero ver a Marisa!
Samuel ya había tomado una decisión. Si las cosas habían llegado hasta este punto y el bebé de Noelia ya no existía, entonces su vida podía volver a la normalidad.
Necesitaba encontrar a Marisa.
Ese pensamiento era lo único que ocupaba la mente de Samuel.
...
Sacaron a Noelia del quirófano.
El doctor advirtió:
—La paciente ya está fuera de peligro. Pueden pasar a verla.
Pero nadie respondió. Ni Penélope ni Samuel se dignaron a mirar a Noelia, mucho menos a entrar a su cuarto.
...
En la azotea del hospital.
Rubén se acercó a Alberto para pedirle un cigarro.
Alberto le pasó uno, sorprendido.
—¿No que no fumabas?
Rubén tomó el cigarro, lo sostuvo entre los labios y bajó la cabeza. Alberto le encendió el cigarro.
La llama se encendió, Rubén aspiró con fuerza y la punta del cigarro brilló por un instante.
El humo flotó por un momento y se perdió en el aire.
El viento soplaba suave en la azotea. De pronto, la puerta se abrió.
Cristian, con su bata blanca y el semblante cansado, entró con paso firme. Se acercó a Alberto, le pidió un cigarro, lo encendió y dijo, con una voz apagada:
—Los de la familia Loredo andan buscando a Marisa. Ya quisieran voltear el hospital de cabeza con tal de encontrarla. ¿Y tú aquí, como si nada, fumando tranquilo? ¿No vas a bajar a ver qué pasa?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...