Contrario a lo que pensaba, el efecto del alcohol terminó por subirle a la cabeza. Marisa, con la mirada perdida y el andar tambaleante, sujetó la mano del chico de los abdominales y, con voz indignada, exclamó:
—¡Vamos! ¿Una copa nada más? Eso no alcanza, ¡tráeme otra!
Rubén entrecerró los ojos de forma peligrosa, observando a la mujer que ya no podía con una sola copa. Sus cejas se fruncieron, pero en el fondo, dentro de él, algo se agitaba sin control.
Con voz profunda, llamó:
—Marisa.
Ella frunció los labios, como si apenas alcanzara a oír su nombre. Entreabrió los ojos y giró la cabeza, mirando al chico musculoso junto a ella.
No vio que el tipo dijera nada.
Marisa, confundida y algo curiosa, levantó la mano y tocó los labios del muchacho.
—Qué raro, tú no me llamaste, ¿verdad?
La mirada de Rubén parecía a punto de incendiarse mientras veía la mano de Marisa posada en los labios de otro. Sus pupilas se contrajeron como si se preparara para lanzar rayos.
Mientras seguía tocando los labios del chico, Marisa murmuró:
—¿Por qué siento que huelo algo tan familiar? No me digas que usas la misma colonia que él...
Rubén ya no pudo aguantarse más. Estiró la mano, tomó el brazo de Marisa y apartó con suavidad su mano de los labios del chico de los abdominales.
Apenas entonces, Marisa reaccionó. Giró la cabeza justo cuando el reflector apuntó hacia su lado, encandilándola y dejándola sin ver nada. Cuando la luz se movió y la penumbra regresó, sus ojos se adaptaron poco a poco, y por fin logró distinguir el rostro de Rubén.
Sabrina fue la primera en captar la situación.
Aunque sabía que su prima y el esposo de esta estaban a punto de divorciarse, no podía olvidar que Rubén era Rubén. Hasta la gente común defiende su orgullo, y alguien de la talla de Rubén, con más razón.
Era lógico que Rubén se sintiera incómodo al ver que Marisa había pedido la compañía de un modelo. No era de extrañar que se le notara tan molesto.
Sabrina se levantó de inmediato para apaciguar el ambiente.
—Bueno, señor Olmo, el modelo lo pedí yo. Solo era para hacer compañía y tomar unas copas, nada más.
Rubén desvió la mirada hacia Sabrina y, esforzándose por controlar su enojo, asintió con seriedad.
—Todavía puedo tomar más...
Girando la cabeza, le habló al chico musculoso:
—Oye, hermano, ¡tráeme otra de esas largas, la de té con todo!
El chico de los abdominales guardó silencio. Aunque Rubén no lo estaba mirando directamente, el ambiente a su alrededor se sentía tan tenso que cualquiera pensaría que el aire se había vuelto pesado. El pobre chico no se atrevía ni a respirar fuerte, mucho menos a contestar.
Rubén se dio cuenta de que Marisa seguía mirando al modelo, así que, con un gesto de fastidio, levantó la mirada y lo fulminó con los ojos por varios segundos. Si las miradas mataran, aquel muchacho no hubiera sobrevivido ni un parpadeo.
Al final, Rubén habló despacio:
—Dice que quiere otra copa de esa bebida.
El modelo sintió que el corazón se le iba a salir del pecho. Hasta el alma se le escapó del susto; ni aire se atrevía a soltar ya.
Rubén evaluó al chico. No debía tener más de veinte años, así que el apodo de “hermano” no estaba tan fuera de lugar. Sin embargo, escuchar ese llamado en la voz de Marisa no le causaba ni una pizca de gracia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...