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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 301

Para que el alma del difunto descanse en paz, hay que organizar bien la ceremonia.

Marisa miraba a Samuel, tan vivo y campante, y no podía evitar que le resultara, hasta cierto punto, gracioso.

Una locura total.

¿Con qué cara venía él a participar en su propia ceremonia fúnebre?

Bueno, viniendo de alguien capaz de fingir su muerte para que su hermano y su cuñada tuvieran que encargarse de su hijo, era obvio que la desvergüenza de Samuel no tenía límites. Ni la muralla más gruesa era rival para su descaro.

Así que plantarse aquí, en su propio velorio, no debía resultarle gran cosa.

La presencia de Marisa desató una oleada de murmullos entre los parientes de la familia Loredo.

—¿No es ella la artista de grafiti que estuvo de moda hace poco? Dicen que la corrieron de la familia Loredo y que enseguida se juntó con un viejo, y por un poco de dote se vendió...

Esas palabras ya le retumbaban a Marisa de tanto oírlas. No necesitaba pensar mucho para saber que esos chismes los había regado la misma familia Loredo.

—Mírala, bien arreglada y todo, seguro que en este tiempo ha sacado buena lana con sus dibujos, ¿no?

—Bah, cualquiera sabe si fue con sus cuadros o con otra cosa...

Apenas acababan de decirlo, todos rompieron en carcajadas, dejando claro a qué se referían con “otra cosa”: pura vulgaridad.

Después de desahogarse con Marisa, los parientes vieron salir a Noelia, la que estaba quemada, empujada en silla de ruedas por una empleada de los Loredo.

Aunque varios de esos familiares querían criticar también a Noelia, como la familia Loredo seguía aceptándola, nadie se atrevía a hablar mal de ella abiertamente. Solo intercambiaban miradas cargadas de significado.

Sin embargo, al ver a Marisa tan tranquila y desenvuelta, a Penélope se le borró la sonrisa del rostro.

Sin más opciones, Penélope adoptó su clásico aire de superioridad y, con voz altanera, soltó:

—¿Vienes a una ceremonia así cargando un bolso rojo? No respetas ni tantito a tu difunto esposo, eso es lo primero. Y ni siquiera te arrodillas ante el altar, eso también está muy mal. Además, aquí frente a todos los mayores de la familia Loredo ni saludas, ¿qué falta de respeto y de educación es esa?

Marisa alzó la ceja, observando a Penélope, que llevaba ropa negra y una flor blanca en la manga, luciendo tan agresiva como siempre.

Penélope era igual de quisquillosa de siempre, capaz de encontrar defectos hasta en el aire.

Marisa se inclinó hacia Penélope, y por un instante, ella pensó que se iba a arrodillar ante el altar. Pero Marisa solo se acercó a su oído y murmuró:

—¿Quién fue el que murió? Yo lo tengo bien claro. ¿Y qué tiene de malo que traiga un bolso rojo? Al final de cuentas, yo no soy viuda. Aunque, para que los invitados de los Loredo no piensen que soy grosera o irrespetuosa por no arrodillarme ante el difunto, estaba pensando… ¿Por qué no mejor le pedimos a Noelia que sea la primera en hacerlo?

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