Entrar Via

El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 303

Marisa giró la cabeza y miró a Inés.

Inés lucía espléndida, cubierta de joyas y lujos. Cada centímetro de ese brillo lo había absorbido de Noelia, como si la estuviera drenando poco a poco.

Marisa lanzó otra mirada despectiva a Noelia, quien ahora parecía una sombra de lo que fue, consumida por completo por la familia Juárez.

—Noelia ya hasta huele raro —reviró Marisa, con voz burlona—. En vez de preocuparse en limpiar ese olor, quieren que termine pegándoseme a mí, ¿o qué?

Alzó una ceja, mirando con superioridad a todos en la mesa.

En realidad, Marisa había venido con un solo propósito: quien la hiciera pasar un mal rato, recibiría exactamente lo mismo. Nadie iba a cargarle a ella las culpas ajenas.

Noelia, apenas escuchó las palabras de Marisa, no perdió tiempo en adoptar una pose de víctima. Se echó a llorar y se recargó en el hombro de Inés.

—Mamá, si tú no hubieras venido, ni te imaginas los días tan horribles que me ha tocado vivir aquí. De verdad, ya no aguanto más…

Inés la abrazó y le acarició el cabello.

—No te preocupes, aquí está tu mamá, cualquier cosa yo me encargo —le aseguró, antes de mirar a Marisa con severidad—. Noelia siempre ha sido una muchacha noble. Ya hemos dejado pasar tus malos tratos antes, pero ¿cómo te atreviste a lastimar al bebé que lleva en el vientre? Ese niño también es sangre de la familia Loredo. No lo olvides, tú fuiste parte de esta familia. ¿No te queda nada de conciencia? ¡Esto ya es el colmo!

La voz de Inés fue subiendo de tono, llena de indignación.

—¿De verdad crees que puedes pisotear a la familia Loredo así nada más? Mírate, hoy vienes vestida de rojo y verde, como si esto fuera una fiesta.

Marisa jugó con un mechón de cabello y, entrecerrando los ojos, le respondió a Inés:

—A decir verdad, nunca los tuve en tan alta estima. El día que llegó la noticia de la muerte de Samuel, mi matrimonio con él terminó. Me fui de la casa de los Loredo y cada quien siguió su camino. ¿Por qué tendría que seguir preocupándome por ustedes?

Penélope golpeó la mesa, apretando los dientes.

—¡Ya estuvo! No hay motivo para pelearse delante de extraños. Mejor cada quien bájele a su drama.

Marisa, satisfecha, aceptó guardar silencio. Se acomodó en la silla, sin borrar la sonrisa desafiante, estudiando los rostros de todos los presentes.

Samuel se puso de pie.

—Marisa, ven, quiero hablar contigo en privado.

Ella también se levantó, sabiendo perfectamente de qué quería hablar Samuel. De hecho, ya tenía claro lo que iba a responder.

Si todos ahí se habían puesto de acuerdo para hacerle la vida imposible, entonces les tenía preparada una sorpresa de esas que nadie olvidaría. Ese día, nadie iba a salir bien librado… excepto ella.

Marisa fingió una actitud dócil y amable, y acompañó a Samuel hacia la parte trasera de la casa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló