A pesar de que la gente siempre tenía ganas de enterarse de más, y escribir sobre la familia Olmo dejaba ganancias jugosas a los reporteros de espectáculos, ninguno se atrevía a lanzarse tan fácil a hacerlo.
Entonces, ¿por qué justo esta vez sucedió así?
De todas las ocasiones posibles, ¿por qué justo ahora lograron tomarle fotos a él y a Margarita?
El asistente terminó de resolver el asunto en un abrir y cerrar de ojos. Al volver, le informó a Rubén:
—Señor Olmo, los de Entretenimiento Galaxia Mágica son bastante accesibles. Apenas les marqué, aceptaron retirar en ese mismo instante las fotos y la nota.
Sin embargo, aunque la noticia del escándalo se estaba desvaneciendo tan rápido, Rubén no lograba relajarse. Su entrecejo seguía tenso, como si algo no cuadrara en absoluto.
Sentía que todo esto era demasiado sospechoso.
Rubén alzó la mirada hacia su asistente y preguntó:
—Esa bola de reporteros, siempre se hacen del rogar. Para ellos, entre más se alargue el chisme, mejor, así sacan más provecho. Siempre buscan exprimir hasta el último segundo de atención. Dime, ¿por qué ahora aceptaron tan rápido?
El asistente respondió sin vacilar:
—Eso ni se pregunta, seguro les pesa el poder del Grupo Olmo. ¡Les dio miedo!
Rubén frunció el ceño, pero enseguida soltó una media sonrisa cargada de ironía.
—Si en verdad nos tuvieran tanto miedo, ni siquiera se habrían atrevido a empezar con esto. La verdad, yo creo que cuando tú los contactaste, ellos ya habían sacado todo el provecho que necesitaban.
El asistente entendió en el acto lo que Rubén quería decir.
—Señor Olmo… ¿está pensando que alguien más está moviendo los hilos tras bambalinas? Entonces, lo mejor sería analizar quién gana y quién pierde con este rumor...
Rubén levantó la mano para frenarlo.
—No hace falta que le des tantas vueltas.
Ya tenía claro lo esencial. Tomó la chaqueta de su traje y, mientras abrochaba los botones, salió rumbo al pasillo fuera de la oficina.
El asistente lo seguía de cerca, recordándole:
—Señor Olmo, todavía tiene una comida pendiente esta tarde.
Rubén agitó la mano con desgano y respondió en tono cortante:
—La señora dijo que hoy quería terminar la pintura de óleo para Izan, así que desde temprano se encerró en el estudio. Todavía no ha salido.
Al saber que Marisa estaba en casa, Rubén sintió que, aunque fuera un poco, el peso en su pecho aflojaba.
Volvió a preguntar:
—¿Comió bien hoy?
Sofía negó con la cabeza y suspiró:
—Ay, apenas y probó el desayuno. Después de una llamada, se fue directo al estudio. Ni comida ni merienda quiso. Cuando intenté llevarle algo, ni me dejó entrar; me dijo que no tenía hambre. Con lo delgada que está, a una le parte el alma verla así.
El gesto de Rubén se endureció aún más, y murmuró para sí:
—¿Por qué siempre se salta las comidas?
Sin perder tiempo, le pidió a la cocina que prepararan algunos postres y un poco de café.
Tomando la charola, Rubén subió las escaleras rumbo al estudio, como si fuera un mesero improvisado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...